/ miércoles 7 de noviembre de 2018

“Biblioteca de la Periferia”

Juan Carlos Quirarte Méndez

Salesiano, sacerdote. Doctor en Antropología Social

“Identidad o relevancia”

En una de sus más grandes obras, el teólogo Jürgend Moltmann escribía que la historia de la Iglesia podría entenderse como un movimiento pendular, que oscila entre dos polos: por un lado se encontraba la identidad (Institución) y por el otro la relevancia (Carisma), ambas cosas fundamentales en un proceso de una Institución o agrupación, pero que su polarización a una de ellas en detrimento de la otra puede traer consigo graves consecuencias.

Así, podríamos repasar varias fases de la historia en que quizá se expandía tanto la misión y el contacto con otros contextos, culturas y modos de expresar y entender la fe, con un carisma desbordante, teniendo gran impacto y relevancia, que hubo que tenerse un repliegue para poder sistematizar, escribir, definir lo específicamente cristiano y los modos más adecuados de vivir conforme la fe profesada. Con esto último se ganaba en identidad aunque quizá se frenó la relevancia.

Pero también se vivieron fases en que era tanto el repliegue hacia “dentro”, de cuidar y ordenar todo debidamente conforme a un credo y unas normatividades, que se desconectó de muchos movimientos que la sociedad en general estaba viviendo e inclusive algunas veces impidiendo el crecimiento. Surgieron varios movimientos de reforma interno en la Iglesia que fueron bocanadas de respiro y una nueva oleada de carisma que no se asfixie con un riguroso control disciplinar que salvaguarde la identidad.

Pero este análisis no es algo exclusivo para la Iglesia, cualquier institución pasa por esos mismos procesos; pensemos por ejemplo en las Organizaciones No Gubernamentales que también inician como un mero carisma; ese mero deseo de servir y atender a los otros, pero después van definiendo su estructura, sistematizando sus prácticas, entrando en los protocolos del llamado tercer sector etc. También las mismas instituciones educativas, o los propios gobiernos y demás asociaciones que tengan injerencia con su entorno social.

Pero tampoco sólo en agrupaciones, también en la vida de cada individuo podría darse esta oscilación a lo largo de la propia historia, ese oscilante movimiento pendular entre el definirme y resguardarme en mi identidad, y la otra fase exploratoria de encuentro e impacto hacia los otros.

Continuamente nos encontramos con fases de nuestra vida que quizá acentuamos más el lado de la salvaguarda de nuestra identidad. Y por ser tan herméticos, podemos ir perdiendo relevancia, pues acabamos encapsulados por tratar de no afectarnos por nuestro contexto. Y esto, ciertamente, provoca que tampoco tengamos influencia en dicho entorno. O bien puede pasar lo contrario, que por subrayar tanto ese lado carismático, por buscar tanto tener relevancia en nuestro alrededor, se diluyen nuestra propia identidad y dejamos muchas cosas, prácticas, actitudes, que ya eran muy nuestras y nos hacían sentirnos genuinos.

¿Cuáles pueden ser la señales de dar más oscilación hacia el lado de la relevancia?

Pienso en las veces que se trata de asimilarse a los otros, de entrar en contacto con los demás y la búsqueda de adecuación a ese contexto, en asumir los lenguajes, las expresiones, las tendencias del propio entorno. Ese estar entre los otros bajo sus parámetros, ese aventurarse a mirar el mundo desde la perspectiva de los otros con los que se convive. El asimilarse y adquirir mucho de los sistemas de valores, las tendencias culturales, los significados y los vocablos propios de quienes están alrededor y tomarse el tiempo de escuchar las otras voces. Sentirse uno mismo entre los otros y a la vez parte de ellos sin saberse o sentirse ajeno.

¿Cuáles pueden ser las señales de dar más oscilación hacia el lado de la identidad?

Pienso en las veces que se trata de replegar sobre sí mismo, volver sobre las vivencias para hacerlas experiencias de vida, cotejarse con su sistema de valores y medirse bajo los parámetros de sus convicciones. En esas veces que se vuelve sobre su propio pasado y trata de frenar el tiempo para releerse a sí mismo. Esa inquietante conversación consigo mismo para saber lo que permanece y es inalterable en el tiempo por convicción, o que si llegó a mudarse se vuelva sobre sus pasos. Es esa manera de saberse único pero a la vez parte de una tradición y de un colectivo definido, específico, que se puede nombrar y describir porque conoce y sabe sus razones del porque y para qué se está aquí y ahora.

¿Y al final qué nos queda, existe un equilibrio?

No puede decirse que una sea mala y otra buena: ambas son necesarias tanto en las colectividades como en cada sujeto… la identidad y la relevancia son tendencias oscilantes que van marcando esa continua formación que hace de nuestra realidad una fase dinámica.

El mismo J. Moltmann, cuando usaba estos dos términos desde la teología, daba una cierta clave de interpretación al mostrar la cruz, y ahí al Jesús crucificado. Apuntando con ello que si se analiza seriamente esta situación entendida desde la fe es una cuestión complicada y hasta de escándalo… lo cuál entonces nos hace ver que la vida no está aprehendida, no podemos suponer que lo sabemos y tenemos ya todo claro (sobre la fe decía él) por el escándalo de la cruz, pues muchas cosas desde nuestra lógica humana no pueden “cruadar” en la cruz… así nosotros; tampoco podemos pretender decir que tenemos ya clara nuestra perspectiva de vida porque continuamente nos confrontamos en nuestra identidad con nuestra relevancia misma ante la vida, ante los otros, ante nosotros mismos.

Si nuestra vida se mueve como el péndulo… tratemos de pescar en qué momento va por en medio de los dos polos, sería un reto interesante.

Juan Carlos Quirarte Méndez

Salesiano, sacerdote. Doctor en Antropología Social

“Identidad o relevancia”

En una de sus más grandes obras, el teólogo Jürgend Moltmann escribía que la historia de la Iglesia podría entenderse como un movimiento pendular, que oscila entre dos polos: por un lado se encontraba la identidad (Institución) y por el otro la relevancia (Carisma), ambas cosas fundamentales en un proceso de una Institución o agrupación, pero que su polarización a una de ellas en detrimento de la otra puede traer consigo graves consecuencias.

Así, podríamos repasar varias fases de la historia en que quizá se expandía tanto la misión y el contacto con otros contextos, culturas y modos de expresar y entender la fe, con un carisma desbordante, teniendo gran impacto y relevancia, que hubo que tenerse un repliegue para poder sistematizar, escribir, definir lo específicamente cristiano y los modos más adecuados de vivir conforme la fe profesada. Con esto último se ganaba en identidad aunque quizá se frenó la relevancia.

Pero también se vivieron fases en que era tanto el repliegue hacia “dentro”, de cuidar y ordenar todo debidamente conforme a un credo y unas normatividades, que se desconectó de muchos movimientos que la sociedad en general estaba viviendo e inclusive algunas veces impidiendo el crecimiento. Surgieron varios movimientos de reforma interno en la Iglesia que fueron bocanadas de respiro y una nueva oleada de carisma que no se asfixie con un riguroso control disciplinar que salvaguarde la identidad.

Pero este análisis no es algo exclusivo para la Iglesia, cualquier institución pasa por esos mismos procesos; pensemos por ejemplo en las Organizaciones No Gubernamentales que también inician como un mero carisma; ese mero deseo de servir y atender a los otros, pero después van definiendo su estructura, sistematizando sus prácticas, entrando en los protocolos del llamado tercer sector etc. También las mismas instituciones educativas, o los propios gobiernos y demás asociaciones que tengan injerencia con su entorno social.

Pero tampoco sólo en agrupaciones, también en la vida de cada individuo podría darse esta oscilación a lo largo de la propia historia, ese oscilante movimiento pendular entre el definirme y resguardarme en mi identidad, y la otra fase exploratoria de encuentro e impacto hacia los otros.

Continuamente nos encontramos con fases de nuestra vida que quizá acentuamos más el lado de la salvaguarda de nuestra identidad. Y por ser tan herméticos, podemos ir perdiendo relevancia, pues acabamos encapsulados por tratar de no afectarnos por nuestro contexto. Y esto, ciertamente, provoca que tampoco tengamos influencia en dicho entorno. O bien puede pasar lo contrario, que por subrayar tanto ese lado carismático, por buscar tanto tener relevancia en nuestro alrededor, se diluyen nuestra propia identidad y dejamos muchas cosas, prácticas, actitudes, que ya eran muy nuestras y nos hacían sentirnos genuinos.

¿Cuáles pueden ser la señales de dar más oscilación hacia el lado de la relevancia?

Pienso en las veces que se trata de asimilarse a los otros, de entrar en contacto con los demás y la búsqueda de adecuación a ese contexto, en asumir los lenguajes, las expresiones, las tendencias del propio entorno. Ese estar entre los otros bajo sus parámetros, ese aventurarse a mirar el mundo desde la perspectiva de los otros con los que se convive. El asimilarse y adquirir mucho de los sistemas de valores, las tendencias culturales, los significados y los vocablos propios de quienes están alrededor y tomarse el tiempo de escuchar las otras voces. Sentirse uno mismo entre los otros y a la vez parte de ellos sin saberse o sentirse ajeno.

¿Cuáles pueden ser las señales de dar más oscilación hacia el lado de la identidad?

Pienso en las veces que se trata de replegar sobre sí mismo, volver sobre las vivencias para hacerlas experiencias de vida, cotejarse con su sistema de valores y medirse bajo los parámetros de sus convicciones. En esas veces que se vuelve sobre su propio pasado y trata de frenar el tiempo para releerse a sí mismo. Esa inquietante conversación consigo mismo para saber lo que permanece y es inalterable en el tiempo por convicción, o que si llegó a mudarse se vuelva sobre sus pasos. Es esa manera de saberse único pero a la vez parte de una tradición y de un colectivo definido, específico, que se puede nombrar y describir porque conoce y sabe sus razones del porque y para qué se está aquí y ahora.

¿Y al final qué nos queda, existe un equilibrio?

No puede decirse que una sea mala y otra buena: ambas son necesarias tanto en las colectividades como en cada sujeto… la identidad y la relevancia son tendencias oscilantes que van marcando esa continua formación que hace de nuestra realidad una fase dinámica.

El mismo J. Moltmann, cuando usaba estos dos términos desde la teología, daba una cierta clave de interpretación al mostrar la cruz, y ahí al Jesús crucificado. Apuntando con ello que si se analiza seriamente esta situación entendida desde la fe es una cuestión complicada y hasta de escándalo… lo cuál entonces nos hace ver que la vida no está aprehendida, no podemos suponer que lo sabemos y tenemos ya todo claro (sobre la fe decía él) por el escándalo de la cruz, pues muchas cosas desde nuestra lógica humana no pueden “cruadar” en la cruz… así nosotros; tampoco podemos pretender decir que tenemos ya clara nuestra perspectiva de vida porque continuamente nos confrontamos en nuestra identidad con nuestra relevancia misma ante la vida, ante los otros, ante nosotros mismos.

Si nuestra vida se mueve como el péndulo… tratemos de pescar en qué momento va por en medio de los dos polos, sería un reto interesante.

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