/ miércoles 20 de febrero de 2019

“Biblioteca de la periferia”

Juan Carlos Quirarte Méndez

Salesiano, sacerdote. Doctor en Antropología Social

“El origen sobre el amigo”

Hace algunos años tuve la fortuna de leer algo que me pareció maravilloso cuando descubrí lo que significaba que yo, en estos tiempos, pudiera tener en mis manos una copia de ese documento. Era sobre Gilgamesh, quien es el protagonista de una narración que lleva el mismo nombre. ¡Un texto mil años más antiguo que la Biblia!

El libro del Gilgamesh es el texto más antiguo que la humanidad conoce. Fue escrito hace casi 5 mil años.

Según la narración, el gran Gilgamesh era un rey, un hombre gigante, de valor insuperable e inagotable de energía, pero tanta era su virtud que se convierte en un monstruo egoísta; oprime a los jóvenes, a las jóvenes y los más débiles en general. Nadie se atreve a criticarle, pues es el rey… pero el pueblo clama al cielo y su llanto es atendido.

Anu, el padre de los dioses, no interviene directamente, envía su ayuda de una forma deliciosamente indirecta. Le pide a la gran diosa madre, Aruru, que vuelva a materializar su primer acto de creación de un ser humano… “ahora ve y crea un par de Gilgamesh, su segundo ser, un hombre que iguale su fuerza y su valor, un hombre que iguale su tempestuoso corazón. Crea un nuevo héroe y que se contrarresten de manera perfecta, para que el pueblo tenga paz”.

Y así es como es creado Enkidu, el amigo de Gilgamesh, quien será ese “par de Gilgamesh” con quien se “contrarreste de manera perfecta”.

El libro narra las grandes cosas que hacen juntos, Gilgamesh y Enkidu… los cuales efectivamente logran una equidad (en dignidad) pero a la vez un complemento en sus diversidades. La forma despótica y perversa del rey fue aminorada, pues en el amigo encontró su contraparte. Algo que el mismo Gilgamesh decía que su amigo era “una ayuda acorde a sus necesidades”.

Una realidad de amistad como la de Aquiles y Patricio en la Ilíada, o la de David y Jonatán en la Biblia. Por eso, cuando uno muere, el otro se muestra inconsolable.

Quizá para muchos no les resultará una obra maestra de la literatura, o no será del gusto del todos, pero lo que nadie puede omitir es el reconocimiento que se encuentran ante el primer relato escrito conocido por la humanidad. Y somos pocos en la humanidad los que tenemos este privilegio, pues este documento no fue conocido por la gente de inicios del siglo XX hacia atrás.

La relación de amistad entre Gilgamesh y Enkidu nos puede dar muchas luces sobre nuestras vidas cotidianas: amigo no como el que solapa y sigue al otro acríticamente, sino que la amistad se convierte también en un complemento, en diversidad, en apoyo acorde a las necesidades de cada cual.

Y que interesante que, entre tantas cosas que puedan ser narradas, se escriban y documenten cuestiones tan esenciales en la vida de cada ser humano. Cuestiones que son relevantes en cualquier etapa de la historia de la humanidad, elementos tan imprescindibles del ser humano que no pasan de moda.

Lo que nos deja gran esperanza este texto es que, desde los primeros seres humanos narrados, hubo amistades así de entrañables.., y qué maravilla que el primer texto conocido de la humanidad hable sobre una de las realidades humanas más loables: la amistad.

Cada uno de nosotros merece tener un Enkidu, un próximo y cercano ser que iguale mi dignidad, pero -a la vez- me confronte conmigo mismo y me haga crecer. Espero que, si no hemos encontrado nuestro Enkidu, no pase mucho tiempo en sentirlo a nuestro lado.

Juan Carlos Quirarte Méndez

Salesiano, sacerdote. Doctor en Antropología Social

“El origen sobre el amigo”

Hace algunos años tuve la fortuna de leer algo que me pareció maravilloso cuando descubrí lo que significaba que yo, en estos tiempos, pudiera tener en mis manos una copia de ese documento. Era sobre Gilgamesh, quien es el protagonista de una narración que lleva el mismo nombre. ¡Un texto mil años más antiguo que la Biblia!

El libro del Gilgamesh es el texto más antiguo que la humanidad conoce. Fue escrito hace casi 5 mil años.

Según la narración, el gran Gilgamesh era un rey, un hombre gigante, de valor insuperable e inagotable de energía, pero tanta era su virtud que se convierte en un monstruo egoísta; oprime a los jóvenes, a las jóvenes y los más débiles en general. Nadie se atreve a criticarle, pues es el rey… pero el pueblo clama al cielo y su llanto es atendido.

Anu, el padre de los dioses, no interviene directamente, envía su ayuda de una forma deliciosamente indirecta. Le pide a la gran diosa madre, Aruru, que vuelva a materializar su primer acto de creación de un ser humano… “ahora ve y crea un par de Gilgamesh, su segundo ser, un hombre que iguale su fuerza y su valor, un hombre que iguale su tempestuoso corazón. Crea un nuevo héroe y que se contrarresten de manera perfecta, para que el pueblo tenga paz”.

Y así es como es creado Enkidu, el amigo de Gilgamesh, quien será ese “par de Gilgamesh” con quien se “contrarreste de manera perfecta”.

El libro narra las grandes cosas que hacen juntos, Gilgamesh y Enkidu… los cuales efectivamente logran una equidad (en dignidad) pero a la vez un complemento en sus diversidades. La forma despótica y perversa del rey fue aminorada, pues en el amigo encontró su contraparte. Algo que el mismo Gilgamesh decía que su amigo era “una ayuda acorde a sus necesidades”.

Una realidad de amistad como la de Aquiles y Patricio en la Ilíada, o la de David y Jonatán en la Biblia. Por eso, cuando uno muere, el otro se muestra inconsolable.

Quizá para muchos no les resultará una obra maestra de la literatura, o no será del gusto del todos, pero lo que nadie puede omitir es el reconocimiento que se encuentran ante el primer relato escrito conocido por la humanidad. Y somos pocos en la humanidad los que tenemos este privilegio, pues este documento no fue conocido por la gente de inicios del siglo XX hacia atrás.

La relación de amistad entre Gilgamesh y Enkidu nos puede dar muchas luces sobre nuestras vidas cotidianas: amigo no como el que solapa y sigue al otro acríticamente, sino que la amistad se convierte también en un complemento, en diversidad, en apoyo acorde a las necesidades de cada cual.

Y que interesante que, entre tantas cosas que puedan ser narradas, se escriban y documenten cuestiones tan esenciales en la vida de cada ser humano. Cuestiones que son relevantes en cualquier etapa de la historia de la humanidad, elementos tan imprescindibles del ser humano que no pasan de moda.

Lo que nos deja gran esperanza este texto es que, desde los primeros seres humanos narrados, hubo amistades así de entrañables.., y qué maravilla que el primer texto conocido de la humanidad hable sobre una de las realidades humanas más loables: la amistad.

Cada uno de nosotros merece tener un Enkidu, un próximo y cercano ser que iguale mi dignidad, pero -a la vez- me confronte conmigo mismo y me haga crecer. Espero que, si no hemos encontrado nuestro Enkidu, no pase mucho tiempo en sentirlo a nuestro lado.

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