/ miércoles 9 de octubre de 2019

“Biblioteca de la periferia”

Juan Carlos Quirarte Méndez

Salesiano, sacerdote. Doctor en Antropología Social

“Temas periféricos”

Existen muchas interrogantes tan antiguas como la propia humanidad, y el que sean añejas no significa que sean resueltas. Incluso podrá parecernos muy peculiar que estas preguntas sigan siendo tan vigentes e intrigantes, más todavía en un tiempo en que la sociedad está acostumbrada a valorar al ser humano como un hombre no sólo capaz de dar explicaciones sino sobre todo resoluciones, hoy en día a través de la tecnología de punta, poco antes en la mecánica, antes en el poder de la razón y explicación lógica, anterior a ello en las ciencias humanísticas en especial la filosofía, y si nos remontamos más atrás en las teologías y las mitologías como medios para explicar los grandes tópicos e interrogantes de la humanidad.

Pero ninguno de estos modos ha cesado la continua interrogante que suele asechar al ser humano que vive en sociedad… cuestionamientos que conducen al por qué de las cosas, en especial me refiero aquí al porqué del sufrimiento, muy emparentada al porqué del mal en el mundo.

Ya las religiones y las actividades espirituales conducían desde hace milenios a esa pregunta, que se ha hecho pilar en las bases de religiones, métodos y otras prácticas que llevan al ser humano a plantearse y buscar explicación o inclusive salir de esas encrucijadas. Véase en el budismo, que plantea como una de sus grandes cuestiones e inicia un camino que busca salir de dicha espiral cuando se plantea el por qué del sufrimiento, de dónde surge y cómo poder salir de él. El génesis, que forma parte de las tres grandes religiones monoteístas como es el judaísmo, el cristianismo y el islam (en orden de aparición), narra ya en las primeras líneas del pentateuco su explicación del mal en el mundo, a través de la narrativa de los primeros seres humanos que poblaron la Tierra.

El grito proveniente de las periferias de nuestras sociedades sigue siendo un recordatorio de estas preguntas: ¿por qué se sigue sufriendo? ¿por qué sigue habiendo mal en el mundo? Y aunque han surgido múltiples explicaciones e intentos por erradicar estas realidades, sigue el hombre y la mujer de nuestro mundo padeciendo estas realidades.

Siendo nosotros seres históricos, que podemos preservar los acontecimientos pasados a través de la memoria y la conmemoración de sucesos pasados, no deja de llamar la atención cómo es que seguimos sin aprender de los acontecimientos de nuestros antecesores y seguimos dejando un legado más tajante aún para quienes nos continuarán. Tanto los intentos de respuesta y propuesta del budismo, como los intentos de respuesta y propuesta de las grandes religiones monoteístas marcan las mismas cuestiones… el ser humano posee un grande elemento interno llamada decisión, albedrío, capacidad de opción y de acción conforme a sus apropiaciones de los hechos..., más que destino que puede llevar a la resignación, está frente a nosotros la capacidad de situarnos ante el mundo y la posibilidad de reconfigurarlo… sea para bien o para mal, he ahí ese drama que tenemos ante nuestros hombros: la capacidad misma de ejercer la voluntad y libertad.

Cierto, no es aquí lugar sólo para la decisión individual y su propia acción. Se requiere también la reflexión y acción colectiva. Bienvenidos los movimientos, las “acciones contraculturales”, las distintas manifestaciones y elementos que hagan reacción colectiva y que puedan hacernos buscar dar respuestas a los sufrimientos y los males presentes. Tan antiguas como tan nuevas esas interrogantes antes citadas, porque ni los males ni los sufrimientos son los mismos, nuestro mundo (con nosotros como actores principales) ha ocasionado nuevas demandas de sufrimiento y nuevos males. No porque lo haga el planeta en sí mismo sino porque nosotros hemos sido también responsables, y somos también responsables de sufrimientos futuros por lo que debemos actuar desde el presente y remediar los pasados. Nada ligero pero por lo mismo para nada indiferente nuestro cuestionarnos día con día, y buscar en conjunto formas de salir del atolladero, bajo principios religiosos, bajo iluminaciones espirituales, bajo análisis filosóficos y científicos, bajo intuiciones artísticas, de cualquier modo que sea debemos estar atentos a los gritos que nos hacen recordar que la periferia es un centro que urge atender entre todos.

Juan Carlos Quirarte Méndez

Salesiano, sacerdote. Doctor en Antropología Social

“Temas periféricos”

Existen muchas interrogantes tan antiguas como la propia humanidad, y el que sean añejas no significa que sean resueltas. Incluso podrá parecernos muy peculiar que estas preguntas sigan siendo tan vigentes e intrigantes, más todavía en un tiempo en que la sociedad está acostumbrada a valorar al ser humano como un hombre no sólo capaz de dar explicaciones sino sobre todo resoluciones, hoy en día a través de la tecnología de punta, poco antes en la mecánica, antes en el poder de la razón y explicación lógica, anterior a ello en las ciencias humanísticas en especial la filosofía, y si nos remontamos más atrás en las teologías y las mitologías como medios para explicar los grandes tópicos e interrogantes de la humanidad.

Pero ninguno de estos modos ha cesado la continua interrogante que suele asechar al ser humano que vive en sociedad… cuestionamientos que conducen al por qué de las cosas, en especial me refiero aquí al porqué del sufrimiento, muy emparentada al porqué del mal en el mundo.

Ya las religiones y las actividades espirituales conducían desde hace milenios a esa pregunta, que se ha hecho pilar en las bases de religiones, métodos y otras prácticas que llevan al ser humano a plantearse y buscar explicación o inclusive salir de esas encrucijadas. Véase en el budismo, que plantea como una de sus grandes cuestiones e inicia un camino que busca salir de dicha espiral cuando se plantea el por qué del sufrimiento, de dónde surge y cómo poder salir de él. El génesis, que forma parte de las tres grandes religiones monoteístas como es el judaísmo, el cristianismo y el islam (en orden de aparición), narra ya en las primeras líneas del pentateuco su explicación del mal en el mundo, a través de la narrativa de los primeros seres humanos que poblaron la Tierra.

El grito proveniente de las periferias de nuestras sociedades sigue siendo un recordatorio de estas preguntas: ¿por qué se sigue sufriendo? ¿por qué sigue habiendo mal en el mundo? Y aunque han surgido múltiples explicaciones e intentos por erradicar estas realidades, sigue el hombre y la mujer de nuestro mundo padeciendo estas realidades.

Siendo nosotros seres históricos, que podemos preservar los acontecimientos pasados a través de la memoria y la conmemoración de sucesos pasados, no deja de llamar la atención cómo es que seguimos sin aprender de los acontecimientos de nuestros antecesores y seguimos dejando un legado más tajante aún para quienes nos continuarán. Tanto los intentos de respuesta y propuesta del budismo, como los intentos de respuesta y propuesta de las grandes religiones monoteístas marcan las mismas cuestiones… el ser humano posee un grande elemento interno llamada decisión, albedrío, capacidad de opción y de acción conforme a sus apropiaciones de los hechos..., más que destino que puede llevar a la resignación, está frente a nosotros la capacidad de situarnos ante el mundo y la posibilidad de reconfigurarlo… sea para bien o para mal, he ahí ese drama que tenemos ante nuestros hombros: la capacidad misma de ejercer la voluntad y libertad.

Cierto, no es aquí lugar sólo para la decisión individual y su propia acción. Se requiere también la reflexión y acción colectiva. Bienvenidos los movimientos, las “acciones contraculturales”, las distintas manifestaciones y elementos que hagan reacción colectiva y que puedan hacernos buscar dar respuestas a los sufrimientos y los males presentes. Tan antiguas como tan nuevas esas interrogantes antes citadas, porque ni los males ni los sufrimientos son los mismos, nuestro mundo (con nosotros como actores principales) ha ocasionado nuevas demandas de sufrimiento y nuevos males. No porque lo haga el planeta en sí mismo sino porque nosotros hemos sido también responsables, y somos también responsables de sufrimientos futuros por lo que debemos actuar desde el presente y remediar los pasados. Nada ligero pero por lo mismo para nada indiferente nuestro cuestionarnos día con día, y buscar en conjunto formas de salir del atolladero, bajo principios religiosos, bajo iluminaciones espirituales, bajo análisis filosóficos y científicos, bajo intuiciones artísticas, de cualquier modo que sea debemos estar atentos a los gritos que nos hacen recordar que la periferia es un centro que urge atender entre todos.

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