/ lunes 12 de agosto de 2019

Discurso, odio y muerte: tragedia en El Paso, Texas

La masacre de El Paso Texas ha dejado un saldo rojo con olor a muerte que no olvidaremos. El sábado 3 de agosto del 2019 quedará registrada como una fecha en donde comunidad fronteriza sufrió una de las peores alteridades de su vida. La violencia que había sido vista como muy lejana por el sello de ser la “Ciudad más segura de los Estados Unidos” se rompió en sus propias manos. El Paso, Texas representa también la imagen de la “ciudad más pobre” de los Estados Unidos.

Pero el Paso Texas no es sólo un vecindario más, colinda con una de las ciudades que no han logrado erradicar la percepción de ser una de las más violentas del mundo. Ciudad Juárez es una comunidad hermanada con el Paso Texas y los lazos económicos, sociales, familiares, financieros, deportivos y educativos han existido por décadas. Existe una codependencia incuestionable, lo que ocurre a una de esas “Ciudades Gemelas” la otra lo resiente.

El sábado a mediodía un mensaje llegaba: “Con la novedad que acá por mi casa hay un tiroteo”. Continúa la conversación y transcribo textual: “En Walmart de Cielo Vista. Toda el área nos avisaron que no nos moviéramos de las casas. Andan helicópteros y policías por todas partes”. La información inicial era confusa, ¿Tiroteo de quien contra quién? Nunca imagine en los primeros momentos que iba ser testigo mudo de una masacre.

Una mujer, me dijo en un comercio local en Juárez: “Ya vio, que hubo un tiroteo en El Paso, lo están pasando por las noticias”. La cobertura mediática en los grupos de redes sociales continuaba siendo confusa, se hablaba de muertos, de hombres armados, de muchos heridos, de posibles más ataques.

Una amiga, subió un video muy intenso. Eran las imágenes del centro comercial en el estacionamiento, se escuchaban gritos, se pedía atención médica y palabras que aún me hacen sentir un espantoso escalofrío. Camina la mujer que transmitía con su celular y encuentra un cuerpo ya sin vida. No quise ver el video otra vez para recordar las palabras textuales, pero creo era un “Dios mío, esto no puede ser”. Seguía la mujer transmitiendo, da vuelta al celular, aparecen más muertos y los primeros heridos. Se estaba transmitiendo la masacre. Se interrumpe el video ya que empiezan a dar los primeros auxilios a los sobrevivientes. Las escenas son muy fuertes, sangre, dolor, gritos, impotencia.

Nuestra vida, no pudo ser igual otra vez. De inmediato mande mensaje a mi esposa. Pidiéndole no se acercará al “Freeway”, es decir, a la carretera “Insterestatal”, la “I10” como comúnmente nosotros le llamamos. Suponía que iba a estar cerrado, sin imaginar lo que estaba pasando. Llegando a casa, prendía la televisión, una estación ya cubría los sucesos. Me daba cuenta poco a poco lo que estaba pasando, sin imaginar aún la magnitud de la noticia.

Volví a comunicarme, mi familia estaba bien. Empezaron a recibirse comunicados de toda índole. Amigos llorando, reporteros que se quebraban en su voz al describir los sucesos, todos los canales de televisión de El Paso, Texas cubrían las noticias. Imágenes del interior del centro comercial, videos que dejaron el testimonio de las ráfagas de los tiros del arma homicida, clientes de centros comerciales siendo evacuados, gente pidiendo informes sobre niños, adultos, ancianos que no encontraban y pasaban las horas sin que pudieran tener una noticia de ellos. Cuando me preguntaban porque no los encontraban, simplemente les decía: “están muertos”, aún no han sacado todos los cuerpos.

El Paso vivió la peor masacre de toda la historia de la región, murieron inocentes a causa de un discurso de odio, de xenofobia. La comunidad fronteriza está de luto.


La masacre de El Paso Texas ha dejado un saldo rojo con olor a muerte que no olvidaremos. El sábado 3 de agosto del 2019 quedará registrada como una fecha en donde comunidad fronteriza sufrió una de las peores alteridades de su vida. La violencia que había sido vista como muy lejana por el sello de ser la “Ciudad más segura de los Estados Unidos” se rompió en sus propias manos. El Paso, Texas representa también la imagen de la “ciudad más pobre” de los Estados Unidos.

Pero el Paso Texas no es sólo un vecindario más, colinda con una de las ciudades que no han logrado erradicar la percepción de ser una de las más violentas del mundo. Ciudad Juárez es una comunidad hermanada con el Paso Texas y los lazos económicos, sociales, familiares, financieros, deportivos y educativos han existido por décadas. Existe una codependencia incuestionable, lo que ocurre a una de esas “Ciudades Gemelas” la otra lo resiente.

El sábado a mediodía un mensaje llegaba: “Con la novedad que acá por mi casa hay un tiroteo”. Continúa la conversación y transcribo textual: “En Walmart de Cielo Vista. Toda el área nos avisaron que no nos moviéramos de las casas. Andan helicópteros y policías por todas partes”. La información inicial era confusa, ¿Tiroteo de quien contra quién? Nunca imagine en los primeros momentos que iba ser testigo mudo de una masacre.

Una mujer, me dijo en un comercio local en Juárez: “Ya vio, que hubo un tiroteo en El Paso, lo están pasando por las noticias”. La cobertura mediática en los grupos de redes sociales continuaba siendo confusa, se hablaba de muertos, de hombres armados, de muchos heridos, de posibles más ataques.

Una amiga, subió un video muy intenso. Eran las imágenes del centro comercial en el estacionamiento, se escuchaban gritos, se pedía atención médica y palabras que aún me hacen sentir un espantoso escalofrío. Camina la mujer que transmitía con su celular y encuentra un cuerpo ya sin vida. No quise ver el video otra vez para recordar las palabras textuales, pero creo era un “Dios mío, esto no puede ser”. Seguía la mujer transmitiendo, da vuelta al celular, aparecen más muertos y los primeros heridos. Se estaba transmitiendo la masacre. Se interrumpe el video ya que empiezan a dar los primeros auxilios a los sobrevivientes. Las escenas son muy fuertes, sangre, dolor, gritos, impotencia.

Nuestra vida, no pudo ser igual otra vez. De inmediato mande mensaje a mi esposa. Pidiéndole no se acercará al “Freeway”, es decir, a la carretera “Insterestatal”, la “I10” como comúnmente nosotros le llamamos. Suponía que iba a estar cerrado, sin imaginar lo que estaba pasando. Llegando a casa, prendía la televisión, una estación ya cubría los sucesos. Me daba cuenta poco a poco lo que estaba pasando, sin imaginar aún la magnitud de la noticia.

Volví a comunicarme, mi familia estaba bien. Empezaron a recibirse comunicados de toda índole. Amigos llorando, reporteros que se quebraban en su voz al describir los sucesos, todos los canales de televisión de El Paso, Texas cubrían las noticias. Imágenes del interior del centro comercial, videos que dejaron el testimonio de las ráfagas de los tiros del arma homicida, clientes de centros comerciales siendo evacuados, gente pidiendo informes sobre niños, adultos, ancianos que no encontraban y pasaban las horas sin que pudieran tener una noticia de ellos. Cuando me preguntaban porque no los encontraban, simplemente les decía: “están muertos”, aún no han sacado todos los cuerpos.

El Paso vivió la peor masacre de toda la historia de la región, murieron inocentes a causa de un discurso de odio, de xenofobia. La comunidad fronteriza está de luto.


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