/ jueves 8 de noviembre de 2018

El intento del PAN por recobrar su democracia interna

El próximo 11 de noviembre el Partido Acción Nacional llevará a cabo la elección interna para elegir al presidente de su Comité Ejecutivo Nacional y al dirigente del Comité Directivo Estatal, ante una militancia hambrienta por recobrar su democracia interna que tanto los diferencio de su principal opositor, el PRI, y que ahora es fácil de confundirlos por sus casi similares métodos de selección.

Aunque de doctrinas totalmente diferentes, el PRI y el PAN ahora se encuentran sumidos en la decepción de sus militantes y simpatizantes, ya que en los últimos años ha sido una minoría incrustada en sus cúpulas las que han tomados todas las decisiones, a espaldas de la militancia y en beneficio de sus propios grupos.

En el PRI se les conoce como “dedazos”, en el PAN son designaciones” o “delegaciones”.

En el PRI no es de extrañarse, pues ha sido una tradición que todas las decisiones se tomen cupularmente, sin tomar en cuenta a sus militantes, es más, ni siquiera han contado con padrón de militantes confiable.

En cambio en el PAN, si es notoria esta degradación democrática que ha presentado, sobre todo en esta última década, ya que lo que más simpatizantes y militancia les atrajo desde sus fundación y todavía hasta principios de los 90s había sido su tradición democrática, tanto externa como interna.

Era común participar en esas convenciones y asambleas en donde los militantes se registraban para asistir a un evento, que ellos mismos denominaban “la gran fiesta democrática”, en donde los diversos candidatos se presentaban ante ellos para exponer sus ideas, incluso, cada uno presentaba oradores a favor, para así poder convencer a la mayoría de esa militancia para que votaran por ellos.

Ver ondear esas banderas del PAN y los banderines de cada candidato, el reparto de volantes, o esas campañas de tierra que hacían los candidatos cuando visitaban las casas de los militantes en busca de su voto, que culminaban en las urnas en donde depositaban el sufragio por el candidato que los haya convencido.

Sin embargo, esa fiesta democrática culminó cuando por primera vez se cancelaron las asambleas y convenciones, argumentado que “las condiciones de seguridad no estaban dadas y eso ponía en riesgo la victoria electoral al exterior”, y optaron por las designaciones; mismas que eran hechas por las dirigencias en turno.

En su momento no se vieron con malos ojos esas designaciones ya que, primero, los estatutos del PAN así lo contemplan, realizar designaciones en casos extraordinarios, sin embargo, el problema se suscita cuando esas dirigencias convirtieron ese método de elección extraordinario, en algo común cancelando las convenciones y asambleas .

Lo anterior se prestó para seleccionar candidatos a modo de las dirigencias o negociadas entre los diversos grupos con más fuerzas dentro del PAN, dejando fuera de cualquier decisión a la militancia. Pero esa exclusión no se dio solo en su derecho a votar, sino también a ser votados.

En ese sentido, la máxima de que cualquiera dentro del PAN podría aspirar a un puesto de elección popular, siempre y cuando contara con el conocimiento y la capacidad necesaria para serlo, quedo en el olvido y las candidaturas se empezaron a negociar entre los grupos internos y las dirigencias. El militante común no era tomado en cuenta para ser nominado a un puesto de elección.

Todo ello ha orillado a una desbandada de sus militantes, unos hacia otros partidos, otros solo renunciaron, y otra parte simplemente se apartó del trabajo partidista y de cualquier participación política del PAN en espera de tiempos mejores.

Sobra decir que este descontento interno afectó los resultados en las elecciones para el PAN, que de ser la primera fuerza política en Juárez, se desplazó a un tercer lugar; beneficiando en gran medida al candidato independiente Armando Cabada y al partido Morena.

Con ese panorama desolador se toparon los dos contendientes por la dirección nacional Markos Cortes y Manuel Gómez Morín, así como los dos candidatos que buscan la dirigencia estatal, Rocío Reza Gallegos y Jorge Puentes García. Los cuatro pudieron palpar de viva voz el grito desesperado de su militancia por regresar a esa democracia interna.

Los cuatro candidatos prometieron una serie de cambios internos, desde abrir y agilizar la afiliación, ampliar las estructura del partido para llegar a toda la población, hasta hacer diversos cambios a los estatutos del PAN; mas sin embargo, ante este panorama, todos se enfocaron en una promesa: regresarle al blanquiazul ese brillo democrático que le fue arrebatado por las pasadas dirigencias y grupos políticos.

En fin, el plazo de estas campañas internas está por terminar y seguramente ganara el que mejor haya empatizado con la militancia.

El triunfador tendrá una gran responsabilidad sobre sus hombros: o le cumple a la cada vez más escasa militancia panista, o ésta terminará por dejar al partido y, en un futuro no muy lejano, estará en la posición de los partidos pequeños, luchando por alcanzar ese 3 por ciento de la votación para no perder su registro.




Jesús Fco. Ávila Ventura.

Director del portal de noticias www.timingpolitico.com


El próximo 11 de noviembre el Partido Acción Nacional llevará a cabo la elección interna para elegir al presidente de su Comité Ejecutivo Nacional y al dirigente del Comité Directivo Estatal, ante una militancia hambrienta por recobrar su democracia interna que tanto los diferencio de su principal opositor, el PRI, y que ahora es fácil de confundirlos por sus casi similares métodos de selección.

Aunque de doctrinas totalmente diferentes, el PRI y el PAN ahora se encuentran sumidos en la decepción de sus militantes y simpatizantes, ya que en los últimos años ha sido una minoría incrustada en sus cúpulas las que han tomados todas las decisiones, a espaldas de la militancia y en beneficio de sus propios grupos.

En el PRI se les conoce como “dedazos”, en el PAN son designaciones” o “delegaciones”.

En el PRI no es de extrañarse, pues ha sido una tradición que todas las decisiones se tomen cupularmente, sin tomar en cuenta a sus militantes, es más, ni siquiera han contado con padrón de militantes confiable.

En cambio en el PAN, si es notoria esta degradación democrática que ha presentado, sobre todo en esta última década, ya que lo que más simpatizantes y militancia les atrajo desde sus fundación y todavía hasta principios de los 90s había sido su tradición democrática, tanto externa como interna.

Era común participar en esas convenciones y asambleas en donde los militantes se registraban para asistir a un evento, que ellos mismos denominaban “la gran fiesta democrática”, en donde los diversos candidatos se presentaban ante ellos para exponer sus ideas, incluso, cada uno presentaba oradores a favor, para así poder convencer a la mayoría de esa militancia para que votaran por ellos.

Ver ondear esas banderas del PAN y los banderines de cada candidato, el reparto de volantes, o esas campañas de tierra que hacían los candidatos cuando visitaban las casas de los militantes en busca de su voto, que culminaban en las urnas en donde depositaban el sufragio por el candidato que los haya convencido.

Sin embargo, esa fiesta democrática culminó cuando por primera vez se cancelaron las asambleas y convenciones, argumentado que “las condiciones de seguridad no estaban dadas y eso ponía en riesgo la victoria electoral al exterior”, y optaron por las designaciones; mismas que eran hechas por las dirigencias en turno.

En su momento no se vieron con malos ojos esas designaciones ya que, primero, los estatutos del PAN así lo contemplan, realizar designaciones en casos extraordinarios, sin embargo, el problema se suscita cuando esas dirigencias convirtieron ese método de elección extraordinario, en algo común cancelando las convenciones y asambleas .

Lo anterior se prestó para seleccionar candidatos a modo de las dirigencias o negociadas entre los diversos grupos con más fuerzas dentro del PAN, dejando fuera de cualquier decisión a la militancia. Pero esa exclusión no se dio solo en su derecho a votar, sino también a ser votados.

En ese sentido, la máxima de que cualquiera dentro del PAN podría aspirar a un puesto de elección popular, siempre y cuando contara con el conocimiento y la capacidad necesaria para serlo, quedo en el olvido y las candidaturas se empezaron a negociar entre los grupos internos y las dirigencias. El militante común no era tomado en cuenta para ser nominado a un puesto de elección.

Todo ello ha orillado a una desbandada de sus militantes, unos hacia otros partidos, otros solo renunciaron, y otra parte simplemente se apartó del trabajo partidista y de cualquier participación política del PAN en espera de tiempos mejores.

Sobra decir que este descontento interno afectó los resultados en las elecciones para el PAN, que de ser la primera fuerza política en Juárez, se desplazó a un tercer lugar; beneficiando en gran medida al candidato independiente Armando Cabada y al partido Morena.

Con ese panorama desolador se toparon los dos contendientes por la dirección nacional Markos Cortes y Manuel Gómez Morín, así como los dos candidatos que buscan la dirigencia estatal, Rocío Reza Gallegos y Jorge Puentes García. Los cuatro pudieron palpar de viva voz el grito desesperado de su militancia por regresar a esa democracia interna.

Los cuatro candidatos prometieron una serie de cambios internos, desde abrir y agilizar la afiliación, ampliar las estructura del partido para llegar a toda la población, hasta hacer diversos cambios a los estatutos del PAN; mas sin embargo, ante este panorama, todos se enfocaron en una promesa: regresarle al blanquiazul ese brillo democrático que le fue arrebatado por las pasadas dirigencias y grupos políticos.

En fin, el plazo de estas campañas internas está por terminar y seguramente ganara el que mejor haya empatizado con la militancia.

El triunfador tendrá una gran responsabilidad sobre sus hombros: o le cumple a la cada vez más escasa militancia panista, o ésta terminará por dejar al partido y, en un futuro no muy lejano, estará en la posición de los partidos pequeños, luchando por alcanzar ese 3 por ciento de la votación para no perder su registro.




Jesús Fco. Ávila Ventura.

Director del portal de noticias www.timingpolitico.com