/ miércoles 5 de diciembre de 2018

El Juglar de la Red

El PAN es la oposición

Una vez que Andrés Manuel López Obrador tomó protesta como Presidente de la República y con ello inició la Cuarta Transformación (4T, la abrevian), también resulta inevitable presenciar el resurgimiento de una oposición a las ideas y acciones de tipo socialistas que están por presentarse como parte del nuevo modelo de Estado que pretende implementar el régimen que llegó.

Si bien López Obrador ganó la presidencia con un margen histórico de 30 millones de votos, el doble de los que obtuvo el Partido Acción Nacional que fue la segunda opción más votada y dejaron al PRI en una “honrosa” tercera posición, con “apenas” 11 millones de sufragios; también debe considerarse que de los 80 millones de electores que integran el Padrón Electoral, 50 millones de ciudadanos con credencial de elector no le dieron su voto a Morena.

Lo anterior es un indicativo que existe un amplio mercado electoral que no comparte la visión política de Andrés Manuel López Obrador y que será objeto de una gran disputa en los años por venir.

Tres son las opciones políticas que se pueden erigir como la oposición al nuevo régimen: PAN, PRI y Movimiento Ciudadano.

El PRI está en un momento donde no atina a definir un rumbo; sus cúpulas pelean por los despojos del partido, sus trece gobernadores están a la expectativa y tratando de colaborar con el nuevo gobierno; su fuerza legislativa es pobre y por tanto disminuida en su capacidad de acción; incluso en posición ideológica y de acuerdo con su historia, el PRI sabe de populismo y hasta se puede sentir más identificado con Morena que como opositor.

Si usted quiere, el PRI se aprecia en el futuro inmediato como una oposición tenue y colaboracionista con el nuevo régimen.

Movimiento Ciudadano aparece en la ecuación gracias al triunfo que obtuvo en Jalisco –en alianza con el PAN-- y porque el gobernador de esa entidad, Enrique Alfaro –que asume el poder este 5 de diciembre-- ha dado muestras de no ser sumiso al régimen central; al menos sus expresiones han marcado una defensa a la soberanía estatal y se mostró opositor a los intentos de intromisión en temas que competen atender exclusivamente al gobierno estatal.

El obstáculo de Movimiento Ciudadano es la poca presencia política que tiene en el resto del país y eso lo limita a ser una oposición acotada solamente a Jalisco.

Queda entonces el Partido Acción Nacional (PAN), quizá el único que al momento ha entendido su papel opositor, no solamente porque está en una línea ideológica contraria al nuevo gobierno, también porque fue el único partido que logró obtener triunfos electorales como el de Yucatán, Guanajuato y Puebla, con todo y que en esa última entidad existe la posibilidad de anular la elección.

El propio presidente López Obrador señaló hace unos días, no sin cierta dosis de sarcasmo, que aplaudía al PAN que regresara a su actividad política de oposición, aludiendo a que como partido en el Gobierno y luego como segunda posición, fue comparsa del PRI para lograr las reformas estructurales.

Sin embargo el PAN enfrenta sus propios fantasmas y si quiere ser el gran “ganón” electoral, antes debe sacudir el árbol y alejarse de todo aquello que lo liga a la corrupción y a la inoperancia como partido gobernante. Pero también es menester que su dirigente, Marko Cortez se ocupe de inmediato en consolidar su liderazgo y apretar las tuercas que cohesionen en un solo proyecto político a todos sus liderazgos.

El PAN, tiene once gobernadores –contando Puebla que está en la mira de ser anulada su elección--, en lo electoral solamente la gubernatura de Baja California estará en disputa en un futuro inmediato, tendrán elecciones locales el 2019 y no llegan como favoritos; sin embargo, el resto de sus gobernadores llegarán en el cargo cuando menos hasta el 2021 y en algunos casos hasta el 2024; eso indica que tendrán una fuerza opositora estatal que acompañara a López Obrador durante todo su gobierno.

Los mandatarios estatales del PAN ya han establecido una postura clara al nuevo régimen, ellos han formado un bloque opositor que claramente ha señalado no dejarán que la soberanía de sus entidades sea vulnerada por las decisiones del Gobierno Federal.

Es el PAN entonces, el partido político que tiene la mesa servida para convertirse en una oposición beligerante al gobierno de izquierda de López Obrador; si saben capitalizar el desgaste natural y logran superar los fantasmas que los acechan, bien pueden catapultarse de nuevo al gobierno, sola les falta encontrar la figura que los aglutine y los lidere.

Rafael Cano Franco es reportero y conductor de noticias, también preside el Foro Nacional de Periodistas A.C.

El PAN es la oposición

Una vez que Andrés Manuel López Obrador tomó protesta como Presidente de la República y con ello inició la Cuarta Transformación (4T, la abrevian), también resulta inevitable presenciar el resurgimiento de una oposición a las ideas y acciones de tipo socialistas que están por presentarse como parte del nuevo modelo de Estado que pretende implementar el régimen que llegó.

Si bien López Obrador ganó la presidencia con un margen histórico de 30 millones de votos, el doble de los que obtuvo el Partido Acción Nacional que fue la segunda opción más votada y dejaron al PRI en una “honrosa” tercera posición, con “apenas” 11 millones de sufragios; también debe considerarse que de los 80 millones de electores que integran el Padrón Electoral, 50 millones de ciudadanos con credencial de elector no le dieron su voto a Morena.

Lo anterior es un indicativo que existe un amplio mercado electoral que no comparte la visión política de Andrés Manuel López Obrador y que será objeto de una gran disputa en los años por venir.

Tres son las opciones políticas que se pueden erigir como la oposición al nuevo régimen: PAN, PRI y Movimiento Ciudadano.

El PRI está en un momento donde no atina a definir un rumbo; sus cúpulas pelean por los despojos del partido, sus trece gobernadores están a la expectativa y tratando de colaborar con el nuevo gobierno; su fuerza legislativa es pobre y por tanto disminuida en su capacidad de acción; incluso en posición ideológica y de acuerdo con su historia, el PRI sabe de populismo y hasta se puede sentir más identificado con Morena que como opositor.

Si usted quiere, el PRI se aprecia en el futuro inmediato como una oposición tenue y colaboracionista con el nuevo régimen.

Movimiento Ciudadano aparece en la ecuación gracias al triunfo que obtuvo en Jalisco –en alianza con el PAN-- y porque el gobernador de esa entidad, Enrique Alfaro –que asume el poder este 5 de diciembre-- ha dado muestras de no ser sumiso al régimen central; al menos sus expresiones han marcado una defensa a la soberanía estatal y se mostró opositor a los intentos de intromisión en temas que competen atender exclusivamente al gobierno estatal.

El obstáculo de Movimiento Ciudadano es la poca presencia política que tiene en el resto del país y eso lo limita a ser una oposición acotada solamente a Jalisco.

Queda entonces el Partido Acción Nacional (PAN), quizá el único que al momento ha entendido su papel opositor, no solamente porque está en una línea ideológica contraria al nuevo gobierno, también porque fue el único partido que logró obtener triunfos electorales como el de Yucatán, Guanajuato y Puebla, con todo y que en esa última entidad existe la posibilidad de anular la elección.

El propio presidente López Obrador señaló hace unos días, no sin cierta dosis de sarcasmo, que aplaudía al PAN que regresara a su actividad política de oposición, aludiendo a que como partido en el Gobierno y luego como segunda posición, fue comparsa del PRI para lograr las reformas estructurales.

Sin embargo el PAN enfrenta sus propios fantasmas y si quiere ser el gran “ganón” electoral, antes debe sacudir el árbol y alejarse de todo aquello que lo liga a la corrupción y a la inoperancia como partido gobernante. Pero también es menester que su dirigente, Marko Cortez se ocupe de inmediato en consolidar su liderazgo y apretar las tuercas que cohesionen en un solo proyecto político a todos sus liderazgos.

El PAN, tiene once gobernadores –contando Puebla que está en la mira de ser anulada su elección--, en lo electoral solamente la gubernatura de Baja California estará en disputa en un futuro inmediato, tendrán elecciones locales el 2019 y no llegan como favoritos; sin embargo, el resto de sus gobernadores llegarán en el cargo cuando menos hasta el 2021 y en algunos casos hasta el 2024; eso indica que tendrán una fuerza opositora estatal que acompañara a López Obrador durante todo su gobierno.

Los mandatarios estatales del PAN ya han establecido una postura clara al nuevo régimen, ellos han formado un bloque opositor que claramente ha señalado no dejarán que la soberanía de sus entidades sea vulnerada por las decisiones del Gobierno Federal.

Es el PAN entonces, el partido político que tiene la mesa servida para convertirse en una oposición beligerante al gobierno de izquierda de López Obrador; si saben capitalizar el desgaste natural y logran superar los fantasmas que los acechan, bien pueden catapultarse de nuevo al gobierno, sola les falta encontrar la figura que los aglutine y los lidere.

Rafael Cano Franco es reportero y conductor de noticias, también preside el Foro Nacional de Periodistas A.C.

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