/ lunes 22 de abril de 2019

El Juglar de la Red

La decepción sigue creciendo

La aprobación popular de Andrés Manuel López Obrador sigue siendo alta, un 60 por ciento, pero en el último trimestre cayó 17 puntos porcentuales y dos son las razones para que la decepción popular crezca: por un lado la inseguridad pública, cuya percepción aumentó en los ciudadanos y el grado de confrontación a que llega el Presidente para defender sus posturas.

Las muertes violentas siguen siendo el factor que más miedo genera entre la sociedad, los asesinatos crecieron un 13 por ciento con respecto al primer trimestre del año anterior y las proyecciones vaticinan que el 2019 puede ser el año más sangriento en la historia del México moderno.

Los hampones no respetaron ni siquiera la festividad religiosa de Semana Santa y con los 14 asesinados, entre ellos un menor de edad, en Minatitlán, Veracruz, los reclamos al Presidente López Obrador se multiplicaron en las redes sociales.

La respuesta tampoco fue la de un estadista, el presidente López culpó a los grupos gobernantes del pasado de ser quienes están detrás de toda una acción para desestabilizar su gobierno, no hubo un lamento, un pésame o una expresión de solidaridad para los deudos de los muertos; lo que hubo fue una cauda de justificaciones por la violencia generalizada.

Se ha vuelto una mala costumbre que el Presidente, a través de las redes sociales emita posturas y haga señalamientos contra sus adversarios, cuando eso sucede de inmediato se le cobija con un nutrido grupo de “troles” y “bots” que avalan al Presidente y fustigan a quienes expresan posturas u opiniones opositoras.

El linchamiento a la oposición a través de las redes sociales, se volvió parte de la estrategia presidencial para acallar las voces críticas y eso pareció funcionar por un tiempo, pero resulta que ya no está dando los mismos resultados que antes.

Luego de su infortunado mensaje, señalando que la violencia es producto de grupos del pasado que buscan generar crisis y desestabilizar su gobierno; surgió en redes sociales la propuesta de un hashtag con el lema “AMLO renuncia”, al mismo tiempo que se convoca a una marcha, en todas las ciudades del país, para el próximo 5 de mayo como protesta por las estrategias fallidas de este gobierno federal.

El hashtag “AMLO renuncia” tuvo mayor respaldo que la contrapropuesta de que permanezca y siga adelante, algo que no se presentó nunca durante su campaña presidencial.

La egolatría de nuestro Presidente no aguanta mucho este tipo de manifestaciones en su contra; de inmediato las descalifica con adjetivos como el de que se trata de grupos de la “mafia del poder”, “fifís”, reaccionarios del pasado que solamente buscan desestabilizar su régimen y que no quieren dar paso a la 4T que promueve; más allá de la concepción presidencial de este tipo de manifestaciones, lo que se avizora es un descontento popular que no deja de crecer.

El presidente López Obrador y las estructuras partidistas que lo acompañan, vivieron una luna de miel pensando nunca se acabaría; no valoraron las observaciones hechas en el sentido de que la popularidad va ligada a las expectativas ciudadanas y las decepciones implican caídas bruscas en los números aprobatorios.

López Obrador ha señalado que su intención es cambiar todo, incluyendo el lenguaje y la interacción de la figura presidencial con los ciudadanos; el problema es hacía donde dirige ese cambio: a la fecha rebajó la investidura y la trasmutó en la de un peleonero de barriada, un bravucón que a todas va y ninguna deja pasar, como si gobernar fuera el enfrentamiento y la división constante.

No es malo querer ser un presidente de “carne y hueso”, pero es imposible pensar será un intocable, el “pueblo sabio” no dejará de hacer mofa de la figura del Presidente al mismo tiempo le va a reclamar soluciones a los problemas más graves y conforme las soluciones tarden, la erosión de la imagen se irá agravando, por más votos con los cuales haya ganado la Presidencia de la República.

Si el presidente López Obrador sigue en su plan de no gobernar, porque eso implica desgastarse, su popularidad seguirá decreciendo, cual viene sucediendo a la fecha.

Rafael Cano Franco, es reportero y conductor de noticias, preside el Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores A.C.

La decepción sigue creciendo

La aprobación popular de Andrés Manuel López Obrador sigue siendo alta, un 60 por ciento, pero en el último trimestre cayó 17 puntos porcentuales y dos son las razones para que la decepción popular crezca: por un lado la inseguridad pública, cuya percepción aumentó en los ciudadanos y el grado de confrontación a que llega el Presidente para defender sus posturas.

Las muertes violentas siguen siendo el factor que más miedo genera entre la sociedad, los asesinatos crecieron un 13 por ciento con respecto al primer trimestre del año anterior y las proyecciones vaticinan que el 2019 puede ser el año más sangriento en la historia del México moderno.

Los hampones no respetaron ni siquiera la festividad religiosa de Semana Santa y con los 14 asesinados, entre ellos un menor de edad, en Minatitlán, Veracruz, los reclamos al Presidente López Obrador se multiplicaron en las redes sociales.

La respuesta tampoco fue la de un estadista, el presidente López culpó a los grupos gobernantes del pasado de ser quienes están detrás de toda una acción para desestabilizar su gobierno, no hubo un lamento, un pésame o una expresión de solidaridad para los deudos de los muertos; lo que hubo fue una cauda de justificaciones por la violencia generalizada.

Se ha vuelto una mala costumbre que el Presidente, a través de las redes sociales emita posturas y haga señalamientos contra sus adversarios, cuando eso sucede de inmediato se le cobija con un nutrido grupo de “troles” y “bots” que avalan al Presidente y fustigan a quienes expresan posturas u opiniones opositoras.

El linchamiento a la oposición a través de las redes sociales, se volvió parte de la estrategia presidencial para acallar las voces críticas y eso pareció funcionar por un tiempo, pero resulta que ya no está dando los mismos resultados que antes.

Luego de su infortunado mensaje, señalando que la violencia es producto de grupos del pasado que buscan generar crisis y desestabilizar su gobierno; surgió en redes sociales la propuesta de un hashtag con el lema “AMLO renuncia”, al mismo tiempo que se convoca a una marcha, en todas las ciudades del país, para el próximo 5 de mayo como protesta por las estrategias fallidas de este gobierno federal.

El hashtag “AMLO renuncia” tuvo mayor respaldo que la contrapropuesta de que permanezca y siga adelante, algo que no se presentó nunca durante su campaña presidencial.

La egolatría de nuestro Presidente no aguanta mucho este tipo de manifestaciones en su contra; de inmediato las descalifica con adjetivos como el de que se trata de grupos de la “mafia del poder”, “fifís”, reaccionarios del pasado que solamente buscan desestabilizar su régimen y que no quieren dar paso a la 4T que promueve; más allá de la concepción presidencial de este tipo de manifestaciones, lo que se avizora es un descontento popular que no deja de crecer.

El presidente López Obrador y las estructuras partidistas que lo acompañan, vivieron una luna de miel pensando nunca se acabaría; no valoraron las observaciones hechas en el sentido de que la popularidad va ligada a las expectativas ciudadanas y las decepciones implican caídas bruscas en los números aprobatorios.

López Obrador ha señalado que su intención es cambiar todo, incluyendo el lenguaje y la interacción de la figura presidencial con los ciudadanos; el problema es hacía donde dirige ese cambio: a la fecha rebajó la investidura y la trasmutó en la de un peleonero de barriada, un bravucón que a todas va y ninguna deja pasar, como si gobernar fuera el enfrentamiento y la división constante.

No es malo querer ser un presidente de “carne y hueso”, pero es imposible pensar será un intocable, el “pueblo sabio” no dejará de hacer mofa de la figura del Presidente al mismo tiempo le va a reclamar soluciones a los problemas más graves y conforme las soluciones tarden, la erosión de la imagen se irá agravando, por más votos con los cuales haya ganado la Presidencia de la República.

Si el presidente López Obrador sigue en su plan de no gobernar, porque eso implica desgastarse, su popularidad seguirá decreciendo, cual viene sucediendo a la fecha.

Rafael Cano Franco, es reportero y conductor de noticias, preside el Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores A.C.

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