/ martes 11 de junio de 2019

Futbol de Primera, otra vez sopa

Futbol de Primera, otra vez sopa

Una nueva franquicia de futbol de Primera División es más de lo mismo, es comprar y vender… otra vez sopa. Y así, empresarial y administrativamente el futbol en la ciudad no ha evolucionado. No hubo, no hay y seguramente no habrá un proyecto serio de futbol profesional porque los empresarios saben de empresas, pero los futbolistas saben de futbol. Las empresas no sostienen al futbol, pero quienes nunca patearon una pelota no lo van a entender.

Un aficionado pagaría lo que sea para ver a un futbolista talentoso, uno de los buenos, de los que hacen fácil lo difícil. Para generar dinero hay que vender, para vender hay que ganar y los únicos que ganan son los jugadores. Lo mejor del futbol fueron, son y serán los futbolistas que viven y mueren para jugar al futbol.

A los empresarios de la región no se les puede reclamar nada porque cuentan con un capital que no tienen por qué poner en riesgo y hacen bien, y ningún aficionado al futbol tiene derecho a cuestionar decisiones de empresas que no les pertenecen. El detalle es que los aficionados sienten que el futbol sí les pertenece, porque el futbol importa y mucho, aunque muchos no saben que este es un negocio muy pero muy difícil de sobrellevar desde el aspecto económico, deportivo y humano.

Lo que sí se puede cuestionar es la manera en que se han hecho las cosas… Una franquicia un día y otra otro día, un nombre y otro, unos colores y otros. Quizá haya otra forma de manejar una franquicia de futbol, a través de una junta directiva elegida en votaciones por los socios quienes pagarían una cuota anual, como en Europa, en donde la anualidad es de alrededor de €150 euros, pero los socios tienen derecho a decidir el futuro del equipo, la elección del presidente y la elección de la compra y venta de jugadores.

Es muy difícil querer hacer bien las cosas, pero es más difícil saber hacer bien las cosas. Lo que ha pasado con el futbol en Ciudad Juárez ha sido un chiste, en comparación con lo que ha pasado con el futbol en la Comarca Lagunera… dos ideas de futbol que comenzaron con muchas similitudes, casi al mismo tiempo y casi en el mismo lugar, a finales de los 80s en el norte de México.

¿Cuál ha sido la diferencia entre Juárez y Torreón? Alguien serio debería hacer ese análisis. La realidad es que históricamente en Juárez el estadio se ha llenado cuando juega el América y las Chivas, mientras que en Torreón se ha llenado cada fin de semana para ver al Santos; en Juárez han implementado nombres, colores y uniformes que nada tienen que ver con la región, mientras que en Torreón los aficionados piden “vales” cada año para comprar la camiseta del Santos.

Juárez por sí sola es una ciudad con ventajas competitivas superiores a Torreón, como la ubicación, lo que hace a la ciudad sumamente atractiva incluso para aficionados del sur de Estados Unidos que tranquilamente y en conjunto con otros aficionados de la región podrían llenar un estadio de 60,000 personas con boletos a un precio por encima de los $30 dólares, pero es que actualmente no hay un solo jugador que levante al aficionado de su lugar… y los han habido y esos son los que llenan los estadios.

¿Pero por qué la comparación entre Juárez y Torreón?

En la temporada 1987-1988, la familia De la Vega compró la franquicia de Cobras Querétaro para convertirse en Cobras de Ciudad Juárez y posteriormente desaparecer en 1994. A partir de ese momento, el desfile de franquicias de futbol en la ciudad no ha parado. Han sido diversos los grupos empresariales que han intervenido en el futbol, con más o menos éxito, pero todo pasajero. Tras la desaparición de las Cobras originales, renacieron otras Cobras en el 2001 como equipo filial de Rayados de Monterrey. Existieron también equipos como Juárez Tigres que fue una filial de los Tigres de la UANL, Indios de Ciudad Juárez como filial de los Tuzos del Pachuca, Bravos de Ciudad Juárez, Astros en la Segunda División, Soles en la Tercera División, y tal vez alguno más… por lo menos 5 franquicias en los últimos 30 años.

En la temporada 1988-1989, el Instituto Mexicano del Seguro Social de Gómez Palacio, Durango, le vendió su equipo de futbol Santos IMSS a los empresarios laguneros Salvador Necochea y Juan Abusaid. El equipo ha pasado por las manos de diversos dueños y patrocinadores principales, pero desde ese momento, el color verde y blanco ha sido representativo del Santos Laguna que en los últimos 30 años ha ganado 6 campeonatos de Primera División, 1 Copa MX y 1 Campeón de Campeones; el equipo también ha sido 5 veces subcampeón de Primera División, 2 veces subcampeón de la Liga de Campeones de la Concacaf y ha sido varias veces campeón en las ligas de ascenso como Primera A, Segunda División y Tercera División, así como del antiguo Torneo Nacional de Reservas, actualmente Campeonato Sub 20 y Sub 17.

Futbol de Primera, otra vez sopa

Una nueva franquicia de futbol de Primera División es más de lo mismo, es comprar y vender… otra vez sopa. Y así, empresarial y administrativamente el futbol en la ciudad no ha evolucionado. No hubo, no hay y seguramente no habrá un proyecto serio de futbol profesional porque los empresarios saben de empresas, pero los futbolistas saben de futbol. Las empresas no sostienen al futbol, pero quienes nunca patearon una pelota no lo van a entender.

Un aficionado pagaría lo que sea para ver a un futbolista talentoso, uno de los buenos, de los que hacen fácil lo difícil. Para generar dinero hay que vender, para vender hay que ganar y los únicos que ganan son los jugadores. Lo mejor del futbol fueron, son y serán los futbolistas que viven y mueren para jugar al futbol.

A los empresarios de la región no se les puede reclamar nada porque cuentan con un capital que no tienen por qué poner en riesgo y hacen bien, y ningún aficionado al futbol tiene derecho a cuestionar decisiones de empresas que no les pertenecen. El detalle es que los aficionados sienten que el futbol sí les pertenece, porque el futbol importa y mucho, aunque muchos no saben que este es un negocio muy pero muy difícil de sobrellevar desde el aspecto económico, deportivo y humano.

Lo que sí se puede cuestionar es la manera en que se han hecho las cosas… Una franquicia un día y otra otro día, un nombre y otro, unos colores y otros. Quizá haya otra forma de manejar una franquicia de futbol, a través de una junta directiva elegida en votaciones por los socios quienes pagarían una cuota anual, como en Europa, en donde la anualidad es de alrededor de €150 euros, pero los socios tienen derecho a decidir el futuro del equipo, la elección del presidente y la elección de la compra y venta de jugadores.

Es muy difícil querer hacer bien las cosas, pero es más difícil saber hacer bien las cosas. Lo que ha pasado con el futbol en Ciudad Juárez ha sido un chiste, en comparación con lo que ha pasado con el futbol en la Comarca Lagunera… dos ideas de futbol que comenzaron con muchas similitudes, casi al mismo tiempo y casi en el mismo lugar, a finales de los 80s en el norte de México.

¿Cuál ha sido la diferencia entre Juárez y Torreón? Alguien serio debería hacer ese análisis. La realidad es que históricamente en Juárez el estadio se ha llenado cuando juega el América y las Chivas, mientras que en Torreón se ha llenado cada fin de semana para ver al Santos; en Juárez han implementado nombres, colores y uniformes que nada tienen que ver con la región, mientras que en Torreón los aficionados piden “vales” cada año para comprar la camiseta del Santos.

Juárez por sí sola es una ciudad con ventajas competitivas superiores a Torreón, como la ubicación, lo que hace a la ciudad sumamente atractiva incluso para aficionados del sur de Estados Unidos que tranquilamente y en conjunto con otros aficionados de la región podrían llenar un estadio de 60,000 personas con boletos a un precio por encima de los $30 dólares, pero es que actualmente no hay un solo jugador que levante al aficionado de su lugar… y los han habido y esos son los que llenan los estadios.

¿Pero por qué la comparación entre Juárez y Torreón?

En la temporada 1987-1988, la familia De la Vega compró la franquicia de Cobras Querétaro para convertirse en Cobras de Ciudad Juárez y posteriormente desaparecer en 1994. A partir de ese momento, el desfile de franquicias de futbol en la ciudad no ha parado. Han sido diversos los grupos empresariales que han intervenido en el futbol, con más o menos éxito, pero todo pasajero. Tras la desaparición de las Cobras originales, renacieron otras Cobras en el 2001 como equipo filial de Rayados de Monterrey. Existieron también equipos como Juárez Tigres que fue una filial de los Tigres de la UANL, Indios de Ciudad Juárez como filial de los Tuzos del Pachuca, Bravos de Ciudad Juárez, Astros en la Segunda División, Soles en la Tercera División, y tal vez alguno más… por lo menos 5 franquicias en los últimos 30 años.

En la temporada 1988-1989, el Instituto Mexicano del Seguro Social de Gómez Palacio, Durango, le vendió su equipo de futbol Santos IMSS a los empresarios laguneros Salvador Necochea y Juan Abusaid. El equipo ha pasado por las manos de diversos dueños y patrocinadores principales, pero desde ese momento, el color verde y blanco ha sido representativo del Santos Laguna que en los últimos 30 años ha ganado 6 campeonatos de Primera División, 1 Copa MX y 1 Campeón de Campeones; el equipo también ha sido 5 veces subcampeón de Primera División, 2 veces subcampeón de la Liga de Campeones de la Concacaf y ha sido varias veces campeón en las ligas de ascenso como Primera A, Segunda División y Tercera División, así como del antiguo Torneo Nacional de Reservas, actualmente Campeonato Sub 20 y Sub 17.

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