/ miércoles 24 de abril de 2019

Información con responsabilidad

En mis tiempos… , Cuando yo era joven…, En mis días mozos…. Es que ya no es como antes…, Si hubieras vivido en aquella época… “ Son frases recurrentes que escuchamos de nuestros adultos mayores para intentar recalcar que su generación o que la vida hace algunos años era mejor que la que hoy nos ha tocado vivir o padecer según el cristal con que se mire.

Cada época, cada generación tiene sus claros y sus obscuros, lo que sí es cierto es que eran otros tiempos: las ciudades eran mas pequeñas, la convivencia vecinal era mucho más frecuente, se conocía al policía que vigilaba la zona, al paletero que diariamente pasaba ofreciendo refrescantes golosinas a los pequeños. El afilador, el ropavejero eran parte del entorno urbano y de la cotidianeidad.

Los muchachos era común verlos jugar en el parque del barrio, en la calle frente a su casa, quien no recuerda las canicas, el trompo, el yoyo, el mamaleche, el balero, los juegos de tarjetitas de colección y a últimas fechas la guerra de tazos. Llegaban de la escuela, salían a jugar y convivir hasta entrada la noche, sin celulares, gps o algún artefacto de localización.

La educación, la evolución, crecimiento y conocimiento se adquirían a través de la casa, la escuela, los vecinos, los amigos.

Las ordenes o instrucciones de casa no se cuestionaban, se cumplían sin chistar, sin renegar y sin preguntar. Siempre era mejor una nalgada a tiempo, que un reclusorio después. De esta época es la famosa chancla (artefacto volador que servía para educar, callar, reprimir, castigar, corregir y además para caminar.)

Con la llegada de la equidad y paridad de género, los derechos de los niños y niñas, el respeto a los derechos humanos, la tolerancia a los grupos LGTB, el internet, los celulares inteligentes, etc.. Las cosas cambiaron y seguirán cambiando de una manera vertiginosa.

La información es poder, y es precisamente lo que nos ha ofrecido la llegada del internet y los famosos smartphones. Superaron en un lapso de tiempo relativamente menor a cualquier medio de información que antes se utilizaba (radio, televisión, prensa escrita, correo, telegrama, libros).

Por supuesto que estos medios tradicionales, a pesar del presagio de algunos expertos, difícilmente desaparecerán. Para todos los mercados hay clientes y en este sentido seguirá habiendo preferencias de cómo y quién me cuenta las cosas. Pero sobretodo una muy importante: Que quiero escuchar.

Y es ahí donde entramos a la discusión del porque ahora los jóvenes no se quedan callados, que son mas groseros, que todo cuestionan, que ya no obedecen. Simple y sencillamente porque tienen información.

Información que con solo dar un click en su computadora, tableta o teléfono les es proporcionada de manera inmediata, sin filtros, sin supervisión y con la crudeza que usted amigo lector la prefiera.

Información que prefieren leer o ver en alguna red social, porque esto implica independencia, no sujeción a las reglas, a un patrón o línea editorial controlada. Pero que no siempre es verdadera o bien verificada.

Es por eso que el gran reto que tenemos como sociedad es mantener la ética, el orden, la veracidad, el respeto a la dignidad de la persona en cada artículo que escribimos, en cada nota que subimos o reenviamos, en cada post que compartimos en nuestras redes sociales, de nosotros depende la sociedad que estamos construyendo.

Que no sirvan las redes sociales para destruirnos, atacarnos o vomitar nuestras frustraciones. Que sean un vinculo que fortalezca las relaciones interpersonales, aprovechémoslas a nuestro favor. Hagamos que la tecnología, la globalización y la universalidad de la información trabajen con nosotros y para nosotros. A poco no?

En mis tiempos… , Cuando yo era joven…, En mis días mozos…. Es que ya no es como antes…, Si hubieras vivido en aquella época… “ Son frases recurrentes que escuchamos de nuestros adultos mayores para intentar recalcar que su generación o que la vida hace algunos años era mejor que la que hoy nos ha tocado vivir o padecer según el cristal con que se mire.

Cada época, cada generación tiene sus claros y sus obscuros, lo que sí es cierto es que eran otros tiempos: las ciudades eran mas pequeñas, la convivencia vecinal era mucho más frecuente, se conocía al policía que vigilaba la zona, al paletero que diariamente pasaba ofreciendo refrescantes golosinas a los pequeños. El afilador, el ropavejero eran parte del entorno urbano y de la cotidianeidad.

Los muchachos era común verlos jugar en el parque del barrio, en la calle frente a su casa, quien no recuerda las canicas, el trompo, el yoyo, el mamaleche, el balero, los juegos de tarjetitas de colección y a últimas fechas la guerra de tazos. Llegaban de la escuela, salían a jugar y convivir hasta entrada la noche, sin celulares, gps o algún artefacto de localización.

La educación, la evolución, crecimiento y conocimiento se adquirían a través de la casa, la escuela, los vecinos, los amigos.

Las ordenes o instrucciones de casa no se cuestionaban, se cumplían sin chistar, sin renegar y sin preguntar. Siempre era mejor una nalgada a tiempo, que un reclusorio después. De esta época es la famosa chancla (artefacto volador que servía para educar, callar, reprimir, castigar, corregir y además para caminar.)

Con la llegada de la equidad y paridad de género, los derechos de los niños y niñas, el respeto a los derechos humanos, la tolerancia a los grupos LGTB, el internet, los celulares inteligentes, etc.. Las cosas cambiaron y seguirán cambiando de una manera vertiginosa.

La información es poder, y es precisamente lo que nos ha ofrecido la llegada del internet y los famosos smartphones. Superaron en un lapso de tiempo relativamente menor a cualquier medio de información que antes se utilizaba (radio, televisión, prensa escrita, correo, telegrama, libros).

Por supuesto que estos medios tradicionales, a pesar del presagio de algunos expertos, difícilmente desaparecerán. Para todos los mercados hay clientes y en este sentido seguirá habiendo preferencias de cómo y quién me cuenta las cosas. Pero sobretodo una muy importante: Que quiero escuchar.

Y es ahí donde entramos a la discusión del porque ahora los jóvenes no se quedan callados, que son mas groseros, que todo cuestionan, que ya no obedecen. Simple y sencillamente porque tienen información.

Información que con solo dar un click en su computadora, tableta o teléfono les es proporcionada de manera inmediata, sin filtros, sin supervisión y con la crudeza que usted amigo lector la prefiera.

Información que prefieren leer o ver en alguna red social, porque esto implica independencia, no sujeción a las reglas, a un patrón o línea editorial controlada. Pero que no siempre es verdadera o bien verificada.

Es por eso que el gran reto que tenemos como sociedad es mantener la ética, el orden, la veracidad, el respeto a la dignidad de la persona en cada artículo que escribimos, en cada nota que subimos o reenviamos, en cada post que compartimos en nuestras redes sociales, de nosotros depende la sociedad que estamos construyendo.

Que no sirvan las redes sociales para destruirnos, atacarnos o vomitar nuestras frustraciones. Que sean un vinculo que fortalezca las relaciones interpersonales, aprovechémoslas a nuestro favor. Hagamos que la tecnología, la globalización y la universalidad de la información trabajen con nosotros y para nosotros. A poco no?

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