/ martes 7 de mayo de 2019

La intolerancia asoma la cabeza

Las malas decisiones que ha tomado el presidente Andrés Manuel López Obrador, sumado a las preguntas que deja sin respuesta, han generado una caída de su popularidad, pero al mismo tiempo han dado argumentos para que ciudadanos opositores a su gobierno empiecen a salir a las calles para exigir su renuncia.

Queda claro a estas alturas que el enorme bono democrático con el cual accedió a la Presidencia de la República se ha diluido a pasos agigantados y la figura de líder en la cual se escudaba ahora se convirtió en materia prima para las caricaturas.

El pasado domingo cientos de miles marcharon en el Distrito Federal –feudo de Morena—para pedir al presidente López Obrador renuncie al cargo, un hecho inédito donde los partidos políticos no tuvieron participación y todo se organizó desde la sociedad civil, esa a la que el Presidente declaró inexistente.

Una manifestación apenas con cinco meses de gobierno es una mala señal para el Gobierno Federal, no solamente es indicativo de malas decisiones y mucha afectación, también señala la existencia de una oposición que paulatinamente empieza a organizarse.

Desde el gobierno federal respondieron a la marcha ciudadana con las descalificaciones ya conocidas: “son fifís”, “es la mafia del poder”, “no es el pueblo quien se manifiesta sino los intereses de los conservadores”; pero también abrieron la puerta a miles de bots en redes sociales que se dedicaron a defenestras a los marchantes con alusiones tan ridículas como la de decir que todos eran de piel clara y por tanto era una manifestación racista.

Fue tan doloroso para el ego del Presidente de la República que marcharan cientos de miles pidiendo su renuncia, que hasta sus secretarios y delegados federales se sumaron a las descalificaciones y trataron de minimizar el impacto que tiene en la opinión pública una manifestación de esa naturaleza.

Pero más allá de la marcha, en la Presidencia de la República se han dado cuenta de que este tipo de movilizaciones son “cocinadas” en lo que antes llamaban “las benditas redes sociales” y donde ahora se multiplican las opiniones en contra de López Obrador.

Lo que antes eran elogios y reconocimientos a un personajes como el Presidente, se convirtieron en reclamos y críticas; resultó tan molesto y abultado el volumen de señalamientos en su contra que ni su esposa, Beatriz Gutiérrez Mueller soportó el asedio y por tanto anunció que abandonaba la red social Twitter.

Las redes sociales son el escenario para el escarnio presidencial, las huestes de López Obrador fueron incisivas con el ex presidente Peña Nieto y nunca hubo reclamos o intenciones de censura, esa libertad para opinar y hasta burlarse de la figura presidencial generó una opinión pública desfavorable al Presidente de México anterior; se esperaría que el nuevo Mandatario tuviera esa misma tolerancia, pero la reacción a las opiniones divergentes que emanan de las redes sociales, fue la de crear una nueva red social.

En la conferencia “mañanera”, se “sembró” una pregunta donde se le recomendaba al presidente López Obrador que ante el cúmulo de señalamientos y “falsedades”, lo mejor era crear una nueva red social. Decimos que esa pregunta se “sembró” porque ningún periodista que se precie de serlo podría proponer semejante estupidez.

Lo anterior es solamente el signo total de la intolerancia, un indicativo de que si algo no gusta se le desaparece o se aplican los controles estatales para limitar la libertad de expresión ciudadana.

Y todo ese descontento tiene reflejo en las encuestas de popularidad, primero fue Massive Callier y más reciente GEA-ISA, dos empresas que han venido midiendo la popularidad de López Obrador; ambas empresas dan cuenta de una caída de 30 puntos en la opinión favorable del Presidente de la República.

Lo anterior solamente tiene como explicación una profunda frustración social ante las decisiones y acciones emprendidas desde la 4T, no se trata de una acción concertada por partidos políticos porque estos simplemente han desaparecido del escenario nacional, la caída en las encuestas es la expresión del desencanto y la frustración, que ya empieza a convertirse en enojo social y saca a la gente a las calles.

Lo que alarma es la reacción de intolerancia del gobierno; asume la postura de acallar la crítica en lugar de atenderla, toma la censura como medida de coerción a la opinión en lugar de alentar la libertad de expresión y responde a las críticas con burlas y descalificaciones.

Lo cierto es que las altas expectativas generadas por la 4T y López Obrador se han convertido en una gran decepción.

Rafael Cano Franco es periodista y conductor de noticias, también preside el Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores A.C.

Las malas decisiones que ha tomado el presidente Andrés Manuel López Obrador, sumado a las preguntas que deja sin respuesta, han generado una caída de su popularidad, pero al mismo tiempo han dado argumentos para que ciudadanos opositores a su gobierno empiecen a salir a las calles para exigir su renuncia.

Queda claro a estas alturas que el enorme bono democrático con el cual accedió a la Presidencia de la República se ha diluido a pasos agigantados y la figura de líder en la cual se escudaba ahora se convirtió en materia prima para las caricaturas.

El pasado domingo cientos de miles marcharon en el Distrito Federal –feudo de Morena—para pedir al presidente López Obrador renuncie al cargo, un hecho inédito donde los partidos políticos no tuvieron participación y todo se organizó desde la sociedad civil, esa a la que el Presidente declaró inexistente.

Una manifestación apenas con cinco meses de gobierno es una mala señal para el Gobierno Federal, no solamente es indicativo de malas decisiones y mucha afectación, también señala la existencia de una oposición que paulatinamente empieza a organizarse.

Desde el gobierno federal respondieron a la marcha ciudadana con las descalificaciones ya conocidas: “son fifís”, “es la mafia del poder”, “no es el pueblo quien se manifiesta sino los intereses de los conservadores”; pero también abrieron la puerta a miles de bots en redes sociales que se dedicaron a defenestras a los marchantes con alusiones tan ridículas como la de decir que todos eran de piel clara y por tanto era una manifestación racista.

Fue tan doloroso para el ego del Presidente de la República que marcharan cientos de miles pidiendo su renuncia, que hasta sus secretarios y delegados federales se sumaron a las descalificaciones y trataron de minimizar el impacto que tiene en la opinión pública una manifestación de esa naturaleza.

Pero más allá de la marcha, en la Presidencia de la República se han dado cuenta de que este tipo de movilizaciones son “cocinadas” en lo que antes llamaban “las benditas redes sociales” y donde ahora se multiplican las opiniones en contra de López Obrador.

Lo que antes eran elogios y reconocimientos a un personajes como el Presidente, se convirtieron en reclamos y críticas; resultó tan molesto y abultado el volumen de señalamientos en su contra que ni su esposa, Beatriz Gutiérrez Mueller soportó el asedio y por tanto anunció que abandonaba la red social Twitter.

Las redes sociales son el escenario para el escarnio presidencial, las huestes de López Obrador fueron incisivas con el ex presidente Peña Nieto y nunca hubo reclamos o intenciones de censura, esa libertad para opinar y hasta burlarse de la figura presidencial generó una opinión pública desfavorable al Presidente de México anterior; se esperaría que el nuevo Mandatario tuviera esa misma tolerancia, pero la reacción a las opiniones divergentes que emanan de las redes sociales, fue la de crear una nueva red social.

En la conferencia “mañanera”, se “sembró” una pregunta donde se le recomendaba al presidente López Obrador que ante el cúmulo de señalamientos y “falsedades”, lo mejor era crear una nueva red social. Decimos que esa pregunta se “sembró” porque ningún periodista que se precie de serlo podría proponer semejante estupidez.

Lo anterior es solamente el signo total de la intolerancia, un indicativo de que si algo no gusta se le desaparece o se aplican los controles estatales para limitar la libertad de expresión ciudadana.

Y todo ese descontento tiene reflejo en las encuestas de popularidad, primero fue Massive Callier y más reciente GEA-ISA, dos empresas que han venido midiendo la popularidad de López Obrador; ambas empresas dan cuenta de una caída de 30 puntos en la opinión favorable del Presidente de la República.

Lo anterior solamente tiene como explicación una profunda frustración social ante las decisiones y acciones emprendidas desde la 4T, no se trata de una acción concertada por partidos políticos porque estos simplemente han desaparecido del escenario nacional, la caída en las encuestas es la expresión del desencanto y la frustración, que ya empieza a convertirse en enojo social y saca a la gente a las calles.

Lo que alarma es la reacción de intolerancia del gobierno; asume la postura de acallar la crítica en lugar de atenderla, toma la censura como medida de coerción a la opinión en lugar de alentar la libertad de expresión y responde a las críticas con burlas y descalificaciones.

Lo cierto es que las altas expectativas generadas por la 4T y López Obrador se han convertido en una gran decepción.

Rafael Cano Franco es periodista y conductor de noticias, también preside el Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores A.C.

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