/ martes 22 de octubre de 2019

La llave del vestidor

El salario promedio anual de los futbolistas en México es de $402 mil dólares estadounidenses, el equivalente anual a $7 millones 638 mil pesos mexicanos, tomando en cuenta un tipo de cambio de $19 pesos mexicanos por $1 dólar estadounidense; es decir $636 mil pesos mexicanos al mes (de acuerdo con el estudio Global Sports Salaries Survey 2018).

El nivel de vida de los futbolistas promedio es muy elevado, pero no solo por el salario recibido, sino por la cantidad de horas trabajadas que en los equipos mexicanos no pasa de 3 horas al día de entrenamiento de lunes a viernes y 2 horas de partido el fin de semana; y hay que tener en cuenta que muchos futbolistas están por encima del salario promedio, pero muy por encima.

Sin embargo, los problemas de los futbolistas son dos: la especificidad de la profesión y el tiempo que pueden ejercer la profesión. Los futbolistas retirados son inútiles dentro del mercado laboral y entiéndase esto de buena manera, es decir que su profesión solo puede ser ejercida durante un partido en un estadio, fuera de ahí no tienen mayor utilidad para las empresas.

Veámoslo así: antes de los 20 años, el futbolista está despegando; de los 20 años a los 30 años, el futbolista está en pleno vuelo; de los 30 años a los 35 años, el futbolista está aterrizando... y el aterrizaje es complicado por la formación deportiva que tuvieron, y casi nula formación académica.

Tras el retiro, a los 35 años, los futbolistas pasan de ganar cantidades exóticas a salarios precarios. Y a pesar de los ahorros, si es que los hay, la riqueza deja de generarse y es imposible mantener el nivel de vida que tenían en activo, y aunque todavía son jóvenes, un altísimo porcentaje no tienen el mismo sitio en el terreno laboral como el que tenían en el terreno de juego.

En Brasil, cuna de futbolistas, ha habido tres grandes casos de campeones del mundo y millonarios que han terminado en la ruina: Garrincha, que pasó sus últimos días y murió en los vestidores del estadio del Botafogo; Romario, que se declaró en quiebra poco después de retirarse y ahora es político; y Cafú, a quien hace algunos meses le embargaron todas sus propiedades en su país.

En México, lo que pasó este fin de semana con los Tiburones del Veracruz fue una vergüenza; todos los futbolistas mexicanos y extranjeros de la Liga MX debieron solidarizarse porque históricamente han terminado mal y es muy probable que continúen terminando así. (De los problemas de inseguridad que están pasando en el país, no hay nada que decir que no se haya dicho antes.)

El salario promedio anual de los futbolistas en México es de $402 mil dólares estadounidenses, el equivalente anual a $7 millones 638 mil pesos mexicanos, tomando en cuenta un tipo de cambio de $19 pesos mexicanos por $1 dólar estadounidense; es decir $636 mil pesos mexicanos al mes (de acuerdo con el estudio Global Sports Salaries Survey 2018).

El nivel de vida de los futbolistas promedio es muy elevado, pero no solo por el salario recibido, sino por la cantidad de horas trabajadas que en los equipos mexicanos no pasa de 3 horas al día de entrenamiento de lunes a viernes y 2 horas de partido el fin de semana; y hay que tener en cuenta que muchos futbolistas están por encima del salario promedio, pero muy por encima.

Sin embargo, los problemas de los futbolistas son dos: la especificidad de la profesión y el tiempo que pueden ejercer la profesión. Los futbolistas retirados son inútiles dentro del mercado laboral y entiéndase esto de buena manera, es decir que su profesión solo puede ser ejercida durante un partido en un estadio, fuera de ahí no tienen mayor utilidad para las empresas.

Veámoslo así: antes de los 20 años, el futbolista está despegando; de los 20 años a los 30 años, el futbolista está en pleno vuelo; de los 30 años a los 35 años, el futbolista está aterrizando... y el aterrizaje es complicado por la formación deportiva que tuvieron, y casi nula formación académica.

Tras el retiro, a los 35 años, los futbolistas pasan de ganar cantidades exóticas a salarios precarios. Y a pesar de los ahorros, si es que los hay, la riqueza deja de generarse y es imposible mantener el nivel de vida que tenían en activo, y aunque todavía son jóvenes, un altísimo porcentaje no tienen el mismo sitio en el terreno laboral como el que tenían en el terreno de juego.

En Brasil, cuna de futbolistas, ha habido tres grandes casos de campeones del mundo y millonarios que han terminado en la ruina: Garrincha, que pasó sus últimos días y murió en los vestidores del estadio del Botafogo; Romario, que se declaró en quiebra poco después de retirarse y ahora es político; y Cafú, a quien hace algunos meses le embargaron todas sus propiedades en su país.

En México, lo que pasó este fin de semana con los Tiburones del Veracruz fue una vergüenza; todos los futbolistas mexicanos y extranjeros de la Liga MX debieron solidarizarse porque históricamente han terminado mal y es muy probable que continúen terminando así. (De los problemas de inseguridad que están pasando en el país, no hay nada que decir que no se haya dicho antes.)

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