/ martes 4 de septiembre de 2018

Linchamiento a Thalía, Lucero y dos personas más

Cuando a la cantante Lucero se le ocurrió posar en una foto durante un acto de cacería, no sabía la tormenta que se le avecinaba, prácticamente fue linchada en redes sociales.

Y no se diga de Thalía, que por un video inocente, donde pregunta "Me escuchan", ya se la comían viva y los millenials, expertos en el tema, le dedicaron memes al por mayor.

Thalía ha cometido el pecado de subir su vida de madre a las redes, y hoy se la comen hasta por "hablar chiple" a sus hijos, como si no lo hiciéramos todos aquellos que tenemos la fortuna de contar con descendencia.

En ambos casos, no pasa del linchamiento mediático, de redes o en chismes, que aunque también es negativo, no atenta contra la integridad de ambas artistas.

Sin embargo, existen otro tipo de linchamientos que mandan a personas a la morgue.

La semana pasada en Puebla, Alberto y Ricardo Flores, fueron vilmente asesinados por una turba que sin pruebas y por ende, sin una investigación en las manos, los acusaron de robar niños y ahí mismo los mataron.

La Fiscalía de Puebla informa que tiene identificados a 29 participantes del linchamiento y muerte de tío y sobrino, un detenido y otro que murió cuando al agarrarlo para investigarlo le dio un paro cardíaco.

Lamentable que la policía poblana ni disparos al aire lanzó cuando la turba condenó  a muerte a los dos familiares, uno de ellos por cierto, estudiante de derecho.

El fin de semana llegó de  Estados Unidos el padre del joven estudiante, quién trabaja allá y lo hace para pagar la carrera de su hijo, muerto a manos de la "justicia del pueblo".

"Me destrozaron la vida", dijo, ya que de un solo golpe le quitaron a su único hermano y a su hijo.

Murieron quemados vivos.

Parece haber en México, una especie de gusto por el linchamiento, del tipo violento y activo, como el señalado y también del que utiliza la tecnología para hacerlo en redes sociales.

"Pa que se le quite", "Eso y más se merece", entre otras expresiones menos publicables puede uno leer en cientos de casos que envuelven actividad política, de seguridad y social, en el "Feis".

Por supuesto que es reprobable que se actúe como en la época de la barbarie, con un pedazo de madera en la mano para fulminar a quien consideramos "persona inviable". Como si la sociedad en su totalidad o los individuos no tuvieran sus faltas, sus pecados.

Hace ya más de 2 mil años Jesucristo alejó a una turba similar de un intento de linchamiento a pedradas contra una mujer.

"El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra", les dijo, en un instante se vació el lugar y el nazareno le preguntó a la mujer, ¿dónde están tus acusadores".

Hacía Jesucristo, una instrospección a la hipocresía de las personas y un llamamiento a actuar según su conciencia.

Evidentemente tenían mucha mugre dentro como para creerse con la autoridad moral para ejecutar a la mujer, nada distinto a lo que sucede hoy en día.

Cuando a la cantante Lucero se le ocurrió posar en una foto durante un acto de cacería, no sabía la tormenta que se le avecinaba, prácticamente fue linchada en redes sociales.

Y no se diga de Thalía, que por un video inocente, donde pregunta "Me escuchan", ya se la comían viva y los millenials, expertos en el tema, le dedicaron memes al por mayor.

Thalía ha cometido el pecado de subir su vida de madre a las redes, y hoy se la comen hasta por "hablar chiple" a sus hijos, como si no lo hiciéramos todos aquellos que tenemos la fortuna de contar con descendencia.

En ambos casos, no pasa del linchamiento mediático, de redes o en chismes, que aunque también es negativo, no atenta contra la integridad de ambas artistas.

Sin embargo, existen otro tipo de linchamientos que mandan a personas a la morgue.

La semana pasada en Puebla, Alberto y Ricardo Flores, fueron vilmente asesinados por una turba que sin pruebas y por ende, sin una investigación en las manos, los acusaron de robar niños y ahí mismo los mataron.

La Fiscalía de Puebla informa que tiene identificados a 29 participantes del linchamiento y muerte de tío y sobrino, un detenido y otro que murió cuando al agarrarlo para investigarlo le dio un paro cardíaco.

Lamentable que la policía poblana ni disparos al aire lanzó cuando la turba condenó  a muerte a los dos familiares, uno de ellos por cierto, estudiante de derecho.

El fin de semana llegó de  Estados Unidos el padre del joven estudiante, quién trabaja allá y lo hace para pagar la carrera de su hijo, muerto a manos de la "justicia del pueblo".

"Me destrozaron la vida", dijo, ya que de un solo golpe le quitaron a su único hermano y a su hijo.

Murieron quemados vivos.

Parece haber en México, una especie de gusto por el linchamiento, del tipo violento y activo, como el señalado y también del que utiliza la tecnología para hacerlo en redes sociales.

"Pa que se le quite", "Eso y más se merece", entre otras expresiones menos publicables puede uno leer en cientos de casos que envuelven actividad política, de seguridad y social, en el "Feis".

Por supuesto que es reprobable que se actúe como en la época de la barbarie, con un pedazo de madera en la mano para fulminar a quien consideramos "persona inviable". Como si la sociedad en su totalidad o los individuos no tuvieran sus faltas, sus pecados.

Hace ya más de 2 mil años Jesucristo alejó a una turba similar de un intento de linchamiento a pedradas contra una mujer.

"El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra", les dijo, en un instante se vació el lugar y el nazareno le preguntó a la mujer, ¿dónde están tus acusadores".

Hacía Jesucristo, una instrospección a la hipocresía de las personas y un llamamiento a actuar según su conciencia.

Evidentemente tenían mucha mugre dentro como para creerse con la autoridad moral para ejecutar a la mujer, nada distinto a lo que sucede hoy en día.