/ jueves 2 de agosto de 2018

Un ojo poderoso nos vigila

¿El Estado de hoy interviene de manera excesiva en nuestras vidas?, ¿o estamos contentos con la manera en que cada día va ganando terreno la burocracia en todos los ámbitos de la sociedad?.

Son dos buenas preguntas que debemos hacernos, aquellos que creemos en las libertades humanas de pensamiento, religión, expresión y económicas, como base fundamental para la vida en nuestra sociedad.

Hoy, cuando una persona va y se registra ante la autoridad hacendaria, toman huellas dactilares, firma digital, captura de iris y falta poco para que metan una sonda en la parte final del sistema digestivo y de ahí, también tomen "huella".

El Estado puede pedir a los bancos en qué y cómo gastamos el dinero, revisa nuestros perfiles de Facebook, interviene llamadas, genera regulaciones para casi cualquier actividad, en fin, es casi omnipresente en nuestras vidas.

Pero parece que una parte de la sociedad no está conforme con esto, y pide a gritos más intervención estatal, más policías, más burocracia, todo lo cual genera gastos que debemos financiar vía impuestos y ese dinero debe salir de algún lado, nada es gratis.

A tal grado está llegando el poder que cada día le damos al Estado, que ahora hasta el lenguaje está cambiando por intervención de éste, y que decir del pensamiento.

Muchas palabras que definían personas y situaciones, se están prohibiendo por orden del Estado. Parece estar de moda el lenguaje eufemístico como forma de control lingüístico y semántico.

Es la "Neolengua" a que se refería George Orwell en su clásico libro "1984".

Por si fuera poco, y con el pretexto de la modernización, nos están obligando, -de manera gradual-,  a ir dejando el dinero en efectivo para que usemos las tarjetas, y si son con chip, mucho mejor. Saben ahora hasta la marca de cerveza, galletas, o leche que adquirimos en el supermercado.

"El pueblo es el cuerpo del Estado, y el Estado es el espíritu del pueblo. En la doctrina fascista, el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado", la frase icónica de Benito Mussolini, es para los mortales presentes, una llamada de atención sobre la sociedad que estamos gestando.

Puede decirse, hasta cierto punto, que las ideas totalitarias y antidemócraticas del fascismo se aplican hoy en día, pero de manera más disfrazada, de una forma gradual.

Las libertades que creemos tener, pudieran no serlo tanto; las medidas de contención del Estado funcionan y funcionan bien, -cuando les conviene, nomás hay que ver el tema de la delincuencia desbordada-, pero al fin ahí están presentes.

Ante un estado todopoderoso, el ciudadano es cada día más débil, incapaz de defenderse ante una entidad que tiene el Poder Político, el Militar, el Policiaco y de manera indirecta el Económico.

Demasiado Estado es peligroso, como lo es también la apatía de la sociedad ante temas que algún día tocarán a la puerta de su casa en forma de política, gobierno o policiaca.

Quizá la situación caótica del mundo provoque en las personas, la sensación de orfandad y de ahí que busquen darle herramientas a alguien, para hacerlo cada día más poderoso con la esperanza de que les resuelva la vida, pero hay que tener cuidado con los deseos; tener seres "todopoderosos", es en realidad una utopía que ya dejó vasta experiencia negativa en el mundo.

La solución a los problemas que tenemos como sociedad también se va a dar con nuestra participación, con nuestro grano de arena; cumpliendo en cada trinchera de la vida como padres, madres, hermanos, etcétera. No esperemos pues, que un  Estado Omnipresente sea el encargado de solucionar, lo que los vicios y la falta de virtudes personales no pueden. Ahí está el caso de la violencia.

¿El Estado de hoy interviene de manera excesiva en nuestras vidas?, ¿o estamos contentos con la manera en que cada día va ganando terreno la burocracia en todos los ámbitos de la sociedad?.

Son dos buenas preguntas que debemos hacernos, aquellos que creemos en las libertades humanas de pensamiento, religión, expresión y económicas, como base fundamental para la vida en nuestra sociedad.

Hoy, cuando una persona va y se registra ante la autoridad hacendaria, toman huellas dactilares, firma digital, captura de iris y falta poco para que metan una sonda en la parte final del sistema digestivo y de ahí, también tomen "huella".

El Estado puede pedir a los bancos en qué y cómo gastamos el dinero, revisa nuestros perfiles de Facebook, interviene llamadas, genera regulaciones para casi cualquier actividad, en fin, es casi omnipresente en nuestras vidas.

Pero parece que una parte de la sociedad no está conforme con esto, y pide a gritos más intervención estatal, más policías, más burocracia, todo lo cual genera gastos que debemos financiar vía impuestos y ese dinero debe salir de algún lado, nada es gratis.

A tal grado está llegando el poder que cada día le damos al Estado, que ahora hasta el lenguaje está cambiando por intervención de éste, y que decir del pensamiento.

Muchas palabras que definían personas y situaciones, se están prohibiendo por orden del Estado. Parece estar de moda el lenguaje eufemístico como forma de control lingüístico y semántico.

Es la "Neolengua" a que se refería George Orwell en su clásico libro "1984".

Por si fuera poco, y con el pretexto de la modernización, nos están obligando, -de manera gradual-,  a ir dejando el dinero en efectivo para que usemos las tarjetas, y si son con chip, mucho mejor. Saben ahora hasta la marca de cerveza, galletas, o leche que adquirimos en el supermercado.

"El pueblo es el cuerpo del Estado, y el Estado es el espíritu del pueblo. En la doctrina fascista, el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado", la frase icónica de Benito Mussolini, es para los mortales presentes, una llamada de atención sobre la sociedad que estamos gestando.

Puede decirse, hasta cierto punto, que las ideas totalitarias y antidemócraticas del fascismo se aplican hoy en día, pero de manera más disfrazada, de una forma gradual.

Las libertades que creemos tener, pudieran no serlo tanto; las medidas de contención del Estado funcionan y funcionan bien, -cuando les conviene, nomás hay que ver el tema de la delincuencia desbordada-, pero al fin ahí están presentes.

Ante un estado todopoderoso, el ciudadano es cada día más débil, incapaz de defenderse ante una entidad que tiene el Poder Político, el Militar, el Policiaco y de manera indirecta el Económico.

Demasiado Estado es peligroso, como lo es también la apatía de la sociedad ante temas que algún día tocarán a la puerta de su casa en forma de política, gobierno o policiaca.

Quizá la situación caótica del mundo provoque en las personas, la sensación de orfandad y de ahí que busquen darle herramientas a alguien, para hacerlo cada día más poderoso con la esperanza de que les resuelva la vida, pero hay que tener cuidado con los deseos; tener seres "todopoderosos", es en realidad una utopía que ya dejó vasta experiencia negativa en el mundo.

La solución a los problemas que tenemos como sociedad también se va a dar con nuestra participación, con nuestro grano de arena; cumpliendo en cada trinchera de la vida como padres, madres, hermanos, etcétera. No esperemos pues, que un  Estado Omnipresente sea el encargado de solucionar, lo que los vicios y la falta de virtudes personales no pueden. Ahí está el caso de la violencia.