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“Biblioteca de la periferia”

  • Juan Carlos Quirarte Méndez

Juan Carlos Quirarte Méndez

Salesiano, sacerdote. Doctor en Antropología Social

“Agresión vs Violencia”

Quizá muchas de las veces nos topamos con estas dos palabras: “violencia” y “agresividad” y las entendemos casi como sinónimos, las podemos usar a veces indistintamente o bien como causal; una cosa me lleva a la otra. Pero en esta visita a la biblioteca de la periferia vamos a escudriñar estos conceptos para entender más su correlación.

Varios teóricos sostienen que el ser humano es originaria y naturalmente agresivo antes de que pueda decidir ser violento o bien que caiga ante una agresividad convertida en violencia. Esa agresividad es la que le permite al sujeto su proceso de individualización, así como sus vínculos.  Es una fuerza interna que radica en todo ser humano desde origen para que alcance su libertad, pero también es una fuerza que puede acabar con la humanidad de la persona.

La violencia, es la racionalización de la agresividad. ¿Qué significa eso? No tanto que la agresividad sea sometida a la razón y la justicia, sino en el acrecentamiento y empeoramiento de la agresión por el cálculo frío de la razón, lo que hace que no se someta a las exigencias éticas propiamente humanas.

Por eso, es necesario distinguir dos formas distintas de violencia: una que lleva lo positivo de la agresividad y otra que lleva lo negativo de la agresividad. La primera construye, mientras que la segunda destruye. La primera piensa y sabe, la segunda siente y comprende.

Eso que todos tenemos desde nuestro nacimiento, propio de nuestra animalidad (la agresión), se conduce a su hominización (capacidad de razonar) -dice Ellacuría- pero si sólo se hominiza (razona) sin llegar a humanizarse (capacidad de opción ética), entonces esa agresión se tornará en hacer de ese ser humano uno de los animales más peligrosos para la especia y para la vida del mundo.

Por eso no nos engañemos; la violencia que exacerba la agresión sí que está plagada de cálculo y raciocinio, pero sin una capacidad de distinción ética que forja los valores y actitudes de la persona. En nuestra sociedad, la violencia intensificada nos debería hacer pensar en la continua y permanente formación de la persona, en todas sus dimensiones; no basta con que sepa razonar… también es importante educar en las emociones, los sentimientos, la capacidad de empatía y la interioridad y espiritualidad. Quizá con ello estaríamos contribuyendo a impulsar humanización de la hominización.